Capítulo 18

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El público estalló en vítores. Laura abrió los ojos, sintiéndose tan mareada que temió desmayarse. Pablo le hizo indicaciones con la mano, señalándole lo que iba a hacer a continuación. Lo único que ella pudo hacer fue alzar la barbilla. Cuando levantó la cabeza, la punta del látigo voló hacia ella y la roja flor que llevaba entre los pechos explotó en un despliegue de frágiles pétalos de papel. Ella dio un respingo y dejó escapar un siseo que el público acalló con sus aplausos. Pablo hizo otro gesto, indicándole que levantara las manos y cruzara las muñecas. Temblando, ella siguió sus indicaciones.

El látigo restalló de nuevo y la multitud soltó un grito ahogado cuando el látigo se enroscó alrededor de las muñecas de Laura. Él esperó un momento, luego la liberó. Un murmullo
indescifrable surgió de las gradas. Pablo la miró con el ceño fruncido y ella recordó que debía sonreír. Consiguió curvar los labios y mostrar las muñecas para que vieran que estaba ilesa. Mientras hacía eso, él volvió a chasquear el látigo. Laura dio un respingo. Miró hacia abajo y vio que el látigo le rodeaba los tobillos. Pablo no había hecho eso antes y ella le dirigió una mirada preocupada. La liberó y arqueó una ceja indicándole que saludara. Ella le dirigió al público otra sonrisa falsa. A continuación Pablo le indicó que levantase los brazos. Con una sensación de fatalidad, Laura hizo lo que le
ordenaba. «¡Zas!»
A Laura se le escapó un gritito cuando el látigo se curvó en torno a su cintura. Ella esperaba que él aliviara la presión de la cuerda, pero Pablo se limitó a tirar con fuerza del látigo, obligándola a acercarse a él. Sólo cuando la falda del vestido rozó los muslos de Pablo, él sustituyó el látigo por sus brazos para darle un beso arrebatador que habría hecho justicia a la portada de un libro romántico.

La multitud soltó una ovación. Laura se sentía mareada, y aunque estaba enfadada con Pablo, no pudo evitar sentirse feliz. Su marido la levantó en brazos y bajaron del escenario. Se apagaron las luces, dejando la pista sumida en la oscuridad. Los aplausos fueron ensordecedores. Pablo aflojó uno de los brazos mientras ella se agarraba frenéticamente a su cintura.

****

Laura cruzó la estrecha carretera asfaltada que separaba el aparcamiento donde estaba instalado el Overworld en la playa vacía. A la izquierda las luces multicolores de la feria, en el paseo marítimo de Jersey Shore, destellaban en el caos de la noche: la noria, los coches de choque, los tiovivos y los puestos de chucherías.

El debut de Laura había tenido lugar en la primera representación del Overworld en ese pequeño pueblo costero y ahora estaba demasiado excitada para dormir. Incluso Alex Cardoza había abandonado su acostumbrado silencio para brindarle una gélida inclinación de cabeza.
Inhaló el olor del mar y comenzó a pasear por la arena, que había perdido el calor del día y le enfriaba los pies al metérsele en las sandalias. Le encantaba estar junto al océano y se alegraba de que el Overworld fuera a permanecer allí más de una noche.

—¿Laura? —Se volvió y vio a Pablo en lo alto de las escaleras, una alta y delgada silueta recortada contra el tenue resplandor de la noche. La brisa le revolvía el pelo y le pegaba la camisa al cuerpo. —¿Te importa si paseo contigo o prefieres estar sola?

—¿Vas armado?

—Ya he guardado los látigos por esta noche.

—Entonces ven. —Laura sonrió y le tendió la mano.

Pablo vaciló un momento y ella se preguntó si el gesto habría sido demasiado personal para él. Decía mucho de su relación el hecho de que tomarse de la mano fuera más íntimo que mantener relaciones sexuales. Aún así, no bajó el brazo. Aquello sólo era un reto más que ella debía vencer.

Las botas de Pablo resonaron en los escalones de madera cuando se acercó. Le tomó la mano y las callosidades de su palma le recordaron a Laura que era un hombre acostumbrado al trabajo duro. Aquella cálida y firme mano envolvió la suya.
La playa estaba desierta, pero aún quedaban restos que había dejado la gente que había acudido al lugar adelantándose a la temporada veraniega: latas vacías, plásticos, la tapa rota de un vaso térmico. Se dirigieron hacia el mar.

Ángel Donde viven las historias. Descúbrelo ahora