Capítulo 31

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-Pero yo no le he hecho nada-dijo ella cuando se separaron.

—Te has casado conmigo.

Laura frunció el ceño.

—¿Qué fue lo que sucedió entre ustedes?

—Ella creía que estaba enamorada de mí. Pero no lo estaba, sólo amaba mi linaje, aunque todavía no se ha dado cuenta. Tuvimos una escena muy desagradable y perdió los nervios. Cualquier otra mujer lo habría olvidado, pero Savannah no. Es demasiado arrogante para pensar que es culpa suya, por lo tanto la culpa es mía. Nuestro matrimonio fue un enorme golpe para su orgullo, pero mientras estuviste en desgracia, resultó llevadero para ella. No sé cómo reaccionará ahora.

—Mal, supongo.

—Savannah y yo nos conocemos bastante bien. Podía vivir con el pasado mientras me veía como un ser desgraciado, pero ahora no. Querrá castigarme por ser feliz y sólo tengo una debilidad. —La miró.
 
—¿Yo? ¿Yo soy tu debilidad?

—Si te hace daño a ti, me lo hace a mí. Por eso quiero que tengas cuidado.

—Me parece una pérdida de tiempo malgastar toda esa energía intentando convencer a todo el mundo de que uno es mejor que nadie. No puedo comprenderlo.

—Claro que no puedes. Te encanta señalar tus defectos a todo aquel que quiera escucharte.

Laura debió encontrar divertida la exasperación de Pablo porque sonrió.

—De cualquier manera acabarían descubriéndolos por sí solos en cuanto pasaran el tiempo suficiente conmigo. Sólo les evito el esfuerzo.

—Lo único que descubrirían es que eres una de las personas más decentes que conozco.

Una expresión muy parecida a la culpa asomó en el rostro de Laura, aunque Pablo no podía imaginar de que se sentía culpable. De repente, la joven volvió a mostrar su preocupación.

—¿Estás seguro de que a Victoria no le pasará nada?

—No he dicho eso. Te aseguro que Alex la castigará.

—Dado que soy la persona agraviada, debería decidir yo el castigo.

-Alex no lo verá de ese modo, y Savannah tampoco.

—¡Savannah! ¡Qué hipócrita! Le encantaba creer que yo era una ladrona. ¿Cómo puede castigar a Victoria por concederle su más anhelado deseo?

—Savannah estaba encantada porque pensaba que era verdad. Pero tiene un fuerte sentido de la justicia. Cuando Victoria cometió el robo de la pistola y mintió, violó todo en lo que Savannah cree.

—Aún así, creo que es una hipócrita y no harás que cambie de idea. Si no haces algo con respecto a Alex, lo haré yo.

—No, tú no harás nada.

Laura abrió la boca para discutir con él, pero antes de que pudiera emitir una palabra, Pablo se inclinó y la besó. La joven resistió dos segundos intentando demostrar que no era una chica fácil, pero enseguida se rindió. Santo Dios, a Pablo le encantaba besarla, le encantaba sentir cómo se fusionaba con él, la presión suave de sus pechos. ¿Qué había hecho para merecer a esa mujer? Era su ángel personal. Lo atravesó una oleada de frustración porque ella no exigía la venganza que merecía. Pero vengarse no formaba parte de la naturaleza de Laura, por eso era tan vulnerable. Se apartó ligeramente para hablar y tuvo que obligarse a decir aquellas palabras tan inusuales en él.

—Lo siento, cariño. Siento no haberte creído.

—No importa —repuso ella.

Pablo supo lo que ella quería decir y sintió como si su corazón explotara.

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