¿Hola?
—Cailin.— conteste con voz temblorosa.— Yo, ya es pasado Bill.— dije queriendo sonar calmado.
—¿Pasado? Vamos Justin. ¿Tú crees que no lo sé? No eres perfecto disimulando. Te escucho llorar todas las noches y susurrar su nombre mientras duermes, eso no es pasado que yo sepa.— mire a Bill por el reflejo del espejo y me concentre en sus ojos cafés como los de Cailin, mi Cailin.— Mira Justin, entiendo que quieras hacerte el fuerte pero conmigo no funciona, no si veo que tu vida ahora te importa una mierda, extrañas a Cailin y no puedes negarlo.— me gire hacia él.
—¿Pero qué quieres que haga Bill? No puedo ir a buscarla, explicarle lo que paso y pedirle que me perdone. ¡Estoy en prisión joder! No es tan sencillo.
Bill se quedo callado observándome entre intimidado y molesto, no era mi intención portarme así, no lo era.
—Pero tampoco ganas nada con negarlo. ¿No crees?
—Yo...— tome entre mis dedos mi cabello y me fui deslizando en la pared hasta sentarme en el suelo.— La extraño demasiado Bill.— dije apenas audible.
—Lo sé amigo, lo sé.— se acerco a mí y me paso un brazo por los hombros.— Creo que tu idea de decirle esas cosas no fue muy inteligente.
—Tienes razón.— conteste sorbiéndome los mocos.— Pero era la única manera de dejarla libre Bill, tiene apenas diecisietes años, no quería que pasara casi cuatro años de juicio en juicio, quiero que sea feliz.— dije llorando como imbécil, solo eso me quedaba.
—¿No crees que ella hubiera preferido que lucharan juntos?
—Puede que tengas razón. Ahora no sirve de nada toda esta plática, el hubiera no existe.
—Pero si el futuro Bieber.
—No hay futuro, no sin Cailin y ella ya no me quiere.— dije cediendo de nuevo al llanto.
—Puede haber futuro con ella Justin, Cailin te ama.
Y lo decía como si estuviera completamente seguro. Yo reí irónico.
—Cailin ya no me ama Bill, la trate tan hijo de puta que no creo que quiera verme de nuevo, de seguro ahora...— tome aire, me costaba hasta decirlo.— De seguro me odia.
Sentía escalofríos de solo pensar en que mi pequeño ángel me odiara, yo no quería que me odiara, pero así debía ser. Joder la extrañaba tanto, sus risas, sus ideas tontas, cuando se mensajeaba idioteces con su mejor amigo, Dios, como extrañaba hacerle el amor.
—Puedes hacer algo.— dijo Bill.— Pedir otro juicio. Vamos Bieber, solo uno más para decir la verdad.
Tal vez me lo pensaría un buen rato.
(*)
—¡Ni hablar Alex! ¡Una cosa es que haya aceptado ir a la terapia y otra es que acepte que me internes en un maldito centro de rehabilitación!— le grite a mi hermano con todas mis fuerzas. Estaba demente.
Alex estaba como loco, se le había metido en la idea de que necesitaba ayuda profesional además de las terapias, pero yo no estaba loca, solo estaba triste y deseaba estar tranquila. Cuando paso lo del asunto con Justin tuve más personas alrededor de las que creía conocer, amigos que ni yo sabía que tenía, menudos hipócritas, solo querían enterarse de lo que había pasado para así pasar el chisme, en el único que podía confiar era en Christian, el siempre había estado allí. Incluso antes de convertirme en un fenómeno que fue engañada por su novio.
—Irás Cailin, es por tu bien. Si la necesitas.
Y tal vez tenía razón. Yo no consideraba que me estaba volviendo loca, tal vez un poco depresiva, pero no loca. La verdad, en esos días, todo estaba yendo bien, las personas entendieron que quería mi propio espacio, quería que me dejaran en paz, y lo hicieron. Estaba volviendo a reír e incluso pensé por un momento en volver al instituto y olvidarme de todo por un momento.
Pero la había regado, cometí una tontería y ahora debía pagar las consecuencias que no quería asumir.
Poco después de que mi vida se viera iluminada comencé a soñar con Justin y no de vez en cuando, no, esta vez eran más constantes las ocasiones en que soñaba con él, con sus palabras, sus abrazos, sus labios. Soñaba que caminábamos juntos hacia mi casa luego de estar todo el día en su apartamento, soñaba que hacíamos el amor y en como los gruñidos escapaban de su boca, soñaba en que seguíamos estando bien.
Uno de esos días me desperté con el corazón a mil, estaba sudando y mi respiración era entrecortada, otro sueño. Ese día me fui en picada, ya no pude soportarlo y cayendo más bajo que lo que ya estaba me dirigí al baño, con mis ojos empapados de lagrimas y las manos temblorosas busqué en el botiquín las navajas que Alex utilizaba para rasurarse la barba, les quité solo la navaja y me senté en el piso del baño, la observe por unos momentos, brillaba y era muy afilada. La coloque sobre mi muñeca y pensé, no quiero tener cara de sufrida y llorona cuando me encuentren aquí tirada, así que puse mi mejor sonrisa sínica de enferma y acerque lo afilado a mi muñeca.
—Cailin, por favor, necesitas ayuda.— dijo Alex ya más calmado.— Lo hago porque te quiero, solo pienso en que habría pasado si no te hubiera detenido.— sollozo un poco.
Y era verdad, cuando estaba a punto de cortarme con un corte profundo las muñecas, a punto de ver con mis propios ojos el edén y saltar a los campos de fresa, a punto de acabar con toda la mierda, Alex había abierto la puerta de golpe y me había detenido justo a tiempo según él. Ese día llore amargamente sobre su hombro, necesitaba desahogarme y esa noche lo conseguí, aunque no me sentía diferente, me seguía sintiendo vacía y sola, ahora esa noche se siente tan lejana. Como si no hubiera sido ayer.
Mire a Alex, estaba destrozado, tal vez no tanto como yo pero si lo estaba, le debía mucho a mi hermano, y bueno era lo único que me quedaba.
—De acuerdo.— susurre. El miro.— Iré.
Una media sonrisa se formo en su rostro y me estrechó entre sus brazos. Era un abrazo muy sincero, se sentía tan bien.
Me encontraba arreglando mi maleta, Alex se había puesto como loco cuando le dije que si iría, tal vez hasta se sentía orgulloso de mí. Debía dejar todos mis aparatos electrónicos, la tablet, el ordenador, mi celular. Los había acomodado en la mesa de noche luego de haberle hablado a Chris contándole donde estaría las próximas semanas, el también parecía orgulloso.
Cerré la maleta y la acomode en el suelo, escuche un sonido raro pero no le di importancia, pero luego hubo otro y otro. Era mi móvil. Negué con la cabeza al no acordarme que lo tenía en vibrador y eso hacía que sonara extraño sobre la mesa. Me acerque hasta esta y tome mi móvil, número desconocido, fruncí el ceño, pero igual conteste, lleve el aparato hasta mi oreja.
—¿Hola?— pregunte.
—¿Hola? ¿Cailin?— fruncí el entre cejo y me lleve espantada una mano al pecho.
—¿Justin?
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Dulce Pecado ➳ j.b
Fanfiction❝Justin solo quería lo mejor para Cailin.❞ smile_boobear.©