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Este definitivamente no es Draco.
Tiene sus rasgos, tiene su altura, tiene su cuerpo.
Pero no es él.
A pesar de ir en su mismo curso y casa desde el primer año en Hogwarts, no reconozco al platinado de ojos grises que se pasea por la sala común en estos días. Es frío y distante con ella y con los que éramos sus amigos. Se ve herido, molesto e incompetente.
Quizá en una primera instancia, los tres primeros años en el colegio Draco y yo no éramos muy amigos. El se juntaba bastante con Crabbe y Goyle, por consiguiente, yo me quede con el otro compañero de habitación, Theodore Nott. Pero en cuarto año todo cambio, porque Draco se comenzó a fijar en Samantha y necesitaba consejos y apoyo moral, obviamente ni Crabbe ni Goyle podían ayudarle, ¿Qué iban a saber ese par de gorilas sobre relaciones que no involucraran a sus madres?
La manera en que su rostro cambia cuando hablaba de ella... Cuando la veía pasar... Era tan irreal, era otro Draco. Dejaba de ser hijo de puta con todos y tenía un poco más de paciencia, dejaba de ser arrogante y ególatra y parecía, momentáneamente más humano. Incluso el año pasado, cuando terminaron, Draco siempre buscaba la manera de coquetearle, de hacerla sonreí, incluso en los momentos en que ella se alejaba por temor a la marca que adornaba su brazo izquierdo. Pero ahora era todo tan distinto.
Desde aquel día en que Draco se encerró en la habitación que compartía con los chicos evitando a todos y enfriandose como unas gotas de agua en el polo Norte, la manera en que Sam había salido de la pieza como si Draco la hubiese mandado a la mierda, sin pasaje de vuelta, era completamente extraño. Parecía que su relación realmente no tenía arreglo.
Al día siguiente, con todo el alboroto de Potter infiltrado en el Ministerio, estaba listo para escuchar a Malfoy blasfemar sobre el tema, pero luego de salir de mi exclusiva habitación y puse un pie en la sala común, lo primero que vi fue a Draco devolviéndose en un sillón al fondo con alguna muchacha de sexto.
La voz gutural que salió de mi garganta fue tan estruendoso que hasta hizo saltar a los más pequeños. El Rubio se separó de su presa y luego de mirarme, volvió con su trabajo.
Así siguió los seis días siguientes, con una muchacha diferente cada día, y una Sam cada vez más frágil en la mesa de Gryffindor, negando con la cabeza a todo lo que sus amigos le decían.
Hasta el noveno día de septiembre.
***
Hoy era el noveno día de septiembre y como buen sábado, teníamos reunión con la orden de fénix. Mi mente se había separado de mi cuerpo hacia días, desde que comenzaron los rumores entre las chicas de Slytherin hablando en los baños, diciendo lo bueno que era Draco en la cama.
«Definitivamente el rey del sexo».
Mi garganta se cerraba sólo cuando pasaba al lado del Slytherin, y cuando nos cruzábamos en el pasillo o en clases, hacia como si no existiese. Y aquello dolía como mil infiernos en el pecho, donde supuestamente existía un músculo involuntario, denominado comúnmente como corazón.
Hoy, lo había visto en un pasillo del tercer piso, a los alrededores de la biblioteca, no podía resignarme al hecho de que me ignorase, por lo que tome su brazo intentado detenerlo. Su cuerpo se tensó bajo mi toque, y luego de una sacudida se encontraba a unos centímetros más lejos de mi.
-Háblame por favor- le rogué mientras caminaba tras él- Esto no esta bien, podemos solucionar esto con facilidad- Draco comenzaba a caminar más rápido, pero luego de todo mi entrenamiento podía seguirle con facilidad- Draco por favor.
La mirada glacial que me mando me hizo quedar estática en el lugar en que me encontraba, con el corazón sobrecojido y un miedo naciente ante la oscuridad de sus pupilas.
(...)
-Están usando las maldición Cruciatus contra los alumnos, como castigo. Además lo obligan a usarlo entre nosotros en clases de Artes Oscuras- murmuro lentamente, mientras los miembros de la Orden me escuchan atentos, a lo largo de la rectangular mesa en casa de Kingsley- No importa lo leve que sea la falta, los Carrows lo castigan. Ya no sabemos que hacer, ni los premios anuales de Ravenclaw ni Hufflepuff pueden calmar a los menores. Neville está perdiendo la cabeza.
La profesora McGonagall toma la palabra mientras termina de dar detalles internos de Hogwarts y Tonks y mamá hablan sobre la situación en el Ministerio.
(...)
Hestia tras el típico fogonazo me deja en el pasillo fuera la Sala de los Menesteres, y se que es el toque de queda de tarde, donde cada sábado se supone que los alumnos se quedan en sus salas comunes hasta las siete, donde se levanta el toque para ir a cenar. Comienzo a caminar hasta la Torre de Gryffindor cuando una risa tosca interrumpe en el silencio del pasillo. Giro la cabeza para encontrarme con Alecto y una sonrisa tosca en sus labios.
-Señorita Fudge- dice en un intento de voz infantil que suena tétrica- Ha roto el toque de queda. Y todo quiebre de reglas solo significa una cosa- Hace una pausa larga antes de sacar su varita y ponérsela en la cabeza- Castigo.
El rostro me empalidece de golpe y la sangre corre fría por mis venas. Se que descargarán un poco de ira extra en mi cuerpo.
Y aquello me aterra.
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Can't Hold us (DM-3T)
Fanfiction*Tercera Temporada* La muerte de Dumbledore fue un factor importante en esta Segunda Guerra Mágica. La inseguridad se cierne sobre la población. El actual Ministro de la Magia ha sido asesinado y Voldemort tiene el Ministerio a su merced, tal y cuál...
