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Capítulo 25: Deseo

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ADVERTENCIA: Contenido explicito, se recomienda discreción

(reproducir la canción para una mejor experiencia)

NARRADOR

Los besos continuaban, esta vez con un toque de sensualidad en cada roce.

Aristóteles tomó la camisa de su novio y la fue desabotonando lentamente, Temo por reflejo frenó la actividad del rizado y éste lo miraba confuso, lo miró a los ojos y leyó en ellos inseguridad, a decir verdad el castaño jamás se había sentido a gusto con su complexión y era un tema constante en su autoestima. Aristóteles sin pensarlo mucho agarró a Temo de la mano y éste le siguió sin entender mucho su propósito, lo situó en medio de la habitación y frente a él yacía un espejo que abarcaba todo su cuerpo

-¿Qué haces Ari?- preguntó confundido

-Cierra los ojos- ordenó en un susurro. Temo obedeció sin tener mucha idea de lo que haría su pareja.

Con delicadeza el rizado fue desabotonando el resto de los botones que faltaban hasta liberar por completo el torso desnudo de su novio, la prenda cayó al piso, con sumo cuidado Ari dio un beso suave en el hombro de castaño, el contacto de los labios de este lo hicieron erizarse

-Ahora abre los ojos- ordenó de nuevo Aristóteles, Temo los abrió y ante el vio su reflejo semidesnudo con lo que desvió un poco la mirada- No bajes la vista, ¿Sabes lo que yo veo en este espejo?- Temo negó con la cabeza, Aristóteles lo hizo voltear a su reflejo- veo a la persona que más amo en el mundo, veo al chico con los ojos más grandes que he visto, con sus labios rosados, su cintura delgada y delicada pero sobre todo veo a la persona que a mi parecer es la más hermosa tanto por dentro como por fuera... Cuauhtémoc López, es usted el ser más maravilloso que se ha cruzado en mi camino- los ojos del castaño se cristalizaron, aquellas palabras que su novio le había dado tenían en el un impacto genuino, sin duda esta era la persona con la que quería pasar el resto de sus días

-Te amo Aristóteles Córcega

-Yo más Cuauhtémoc López- El rizado que seguía a sus espaldas depositó otro beso está vez en el cuello de su novio, Temo se estremeció, Ari espero alguna respuesta negativa ante su beso pero al percatarse de lo contrario continuó dando pequeños besitos, el castaño dejaba escapar pequeños gemidos, sentía como cada centímetro de su piel se estremecía a la humedad de sus labios, las manos de Aristóteles iban acariciando con delicadeza desde la clavícula de su novio hasta su ombligo, no estaba muy seguro de ir más allá tan pronto, no quería asustarlo y mucho menos incomodarlo.

Por su parte Temo disfrutaba el tacto de su novio, sentía como unas cosquillas le recorrían por todo el cuerpo, fue víctima de cómo su temperatura corporal se elevaba, el cosquilleo que sentía se fue intensificando y entonces sintió como su entrepierna despertaba y dejaba como evidencia un notable bulto. Ari se tomó de valor y muy lentamente bajo su mano hasta los pantalones del castaño y fue bajando poco a poco el cierre, deslizó la tela hasta bajar por completo la prenda el rizado fue consciente entonces de el gran bulto que se había formado en los boxers de su novio y tan sólo con esa imagen en su cabeza enloqueció de deseo.

Su mano fue bajando del pecho de Temo hasta la línea donde empezaba el resorte de la prenda íntima de este, a Temo ya empezaba a dolerle la presión que su boxer ejercía sobre sus genitales por lo que fue un alivio cuando Aristóteles lo liberó de esa presión y dejó a la vista su miembro ya erecto, Ari se mojó los labios, la excitación se había apoderado por completo de él, tomó entre sus manos el miembro de su novio y suavemente comenzó a masajear de arriba abajo, el castaño dejaba escapar cada vez más fuertes gemidos y esto excitaba al rizado que ya tenía también una gran erección Temo podía sentirlo cómo chocaba contra sus glúteos a pesar de que Aristóteles aún no se había desnudado por lo que Temo decidió ayudarle, la inseguridad que había experimentado momentos antes se esfumó por completo dejando a su paso un gran deseo.

TE AMO: Con todos los coloresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora