Capítulo 40: Gusto a chocolate

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NARRADOR

El extraño joven encapuchado se acerca sigilosamente a la cocina. Su nerviosismo es notable, siente como gotas de sudor recorren su frente y su respiración agitada es lo único que lo mantiene en el presente y alerta ante cualquier rastro de humanidad que se escuche en el departamento al que ha entrado sin ninguna invitación.

Se detiene un momento a observar las fotos pegadas en el refrigerador donde se encuentra un par de jóvenes enamorados besándose amorosamente y siente como la furia recorre cada centímetro de su piel. Aquel castaño de ojos miel se observa en la foto acariciando la mejilla de otro chico de cabello rizado.

Da un paso...

Sonríe satisfecho pues sabe que esta vez su plan no puede fallar, se ha tomado el tiempo para estudiar la rutinaria vida de la joven pareja y en especial de su amado chico de cabello castaño y mientras más lo piensa no puede evitar soltar una risa burlona, casi puede sentirlo, casi puede saborear la piel lechosa del chico bajo sus labios como aquella vez en la que el pequeño se retorcía entre sus brazos, ese recuerdo lo había mantenido deseoso esperando de nuevo por un solo contacto con él una vez más.

Da dos pasos...

Se acerca a la habitación donde reposa ese estúpido rizado con aquel semblante frágil que delata un sueño profundo, casi puede escuchar su respiración tranquila a casi cinco metros de distancia, casi puede escuchar su corazón latiendo lentamente e incluso retumba en su cabeza de manera incesante y molesta así como la existencia del joven.

Da cinco pasos más...

Se detiene a observar la tranquilidad de su víctima y se siente victorioso pues ahora se siente con el poder necesario de tener la vida del rizado entre sus manos como una burbuja de jabón que puedes reventar en cualquier instante.

Da los últimos pasos...

Y ahora se encuentra a centímetros del chico que duerme plácidamente en la cama y en total soledad donde solo los rayos del sol del amanecer, alumbran el cuarto. Toma con cuidado una de las almohadas que adornan la cama y se acerca sigilosamente a la cara del chico.

ARISTÓTELES

(Un día antes)

-Ya casi lo logras, sigue moviendo- me ordenó Diego.

-¡Ya... no... puedo!- dije entre jadeos- Llevo como media hora aquí.

-No seas exagerado, solo llevas dos minutos batiendo- me quito el tazón que tenía entre las manos.

Desde hace algunas semanas Diego se había esforzado por enseñarme a cocinar, básicamente por dos razones; La primera claramente era porque dentro de poco se iría a vivir con Emiliano a la privada de sus tías y la segunda que jamás admitiría era que me quería hacer sentir útil y esto aunque era evidente no sería admitido por ninguno de los dos.

Se había comprometido a ayudarme a preparar un pastel, pero no cualquier pastel sino el pastel de auténtico chocolate de Oaxaca y mil leches que significaba tanto para mí y Temo.

Hoy sería un día muy importante pues era su cumpleaños número dieciocho y estaba decidido a organizar algo verdaderamente especial.

Desde que la ceguera me impidiera volver a mi vida normal, doña Marcia me había prometido que podría seguir trabajando con ellos sin importar mi condición aunque la campaña con converse tuviera que ser pospuesta y a pesar de todo eso había notado que mis llamados para sesiones de modelaje y publicidad habían disminuido notablemente y mis ingresos apenas alcanzaban para solventar los gastos del departamento y mis consultas médicas, lo cual no me dejaba mucho para poder regalarle algo a Temo.

TE AMO: Con todos los coloresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora