ARISTÓTELES
Desperté un poco confundido pero un aroma familiar y cálido envolvió mi olfato y mi tacto reconoció con la tenue luz de la ventana el rostro de temo. Era un espectáculo único verlo descansar, podía tratarse de un ángel a simple vista y observarlo me daba la paz de la que carecía mi vida antes de conocerlo. De repente desperto y me miro sin decir nada
-Buenos días bello durmiente- Dije en tono burlón
-Buenos días aristocles- me da un beso en la frente -¿Dormiste bien?-
-Contigo siempre duermo bien, podría estar así el resto de mi vida
-Digo lo mismo, amo dormir abrazado a ti- dijo mientras frotaba su nariz con la mía
-¿Te imaginas si Pancho nos viera así tan juntitos?- La simple idea me producía una mezcla de miedo y risa y no pude aguantar una carcajada
-¡Callate! Me deja viudo antes de tiempo, ya ves lo que dijo... "Chiflado y aplaudiendo"- dijo mientras imitaba el peculiar acento de mi suegro, lo que incremento mi risa
-Bueno pero ni hemos hecho nada malo, sólo nos estamos abrazando y uno que otro besito, que por cierto...
Señor López ¿Me haría usted el favor de regalarme un beso?
-Con gusto señor Córcega, pero con la condición de que me acompañe a desayunar por que acá entre nos, me estoy muriendo de hambre, o como diría mi papancho... me ruge la tripa
-Trato hecho- acto seguido le di un beso largo y salí a cambiarme, Temo tenía razón, a mi también me rugia la tripa.
TEMO
La ciudad era enorme y estaba repleta de locales para comer pero finalmente nos decidimos a comer en un peculiar restaurante de comida italiano-mexicana, el concepto nos gustó y decidimos entrar
-Buenos días caballeros, aquí tienen la carta- dijo un chico rubio mientras acercaba la carta y con cara de pocos amigos se retiraba de la mesa
-¿Qué vas a pedir amor?- pregunté mientras observaba la carta
-No lo sé, todo se ve bien
-Todo sabe bien, joven, le recomiendo los huevos a la romagnoli- Dijo una mujer de cabello castaño casi de la misma edad de Doña Blanca, que por la seguridad con la que nos recomendaba platillos supimos que era la dueña del lugar
-Muchas gracias...-Agradeció Aristóteles mientras buscaba un gafete con su nombre
-Carmela, pero todos me dicen Carmelita, soy la dueña de este restaurante, claro aparte de mi cuatacha Ana Sofía...
-¡Ana Sofía Romagnoli Tolentino de Ruizpalacios! Mucho gusto- Exclamó una voz de otra mujer madura pero esta estaba vestida con un vestido de satin y cargaba un pequeño chihuahueño el cual salto de sus brazos provocando que este saliera corriendo en mi dirección y me levantara para lograr cacharlo aunque en el intento choque con el mesero que nos estaba atendiendo
-Why do not they fix?! It seems that everyone is blind in this restaurant- Exclamó el mesero furioso y no pude evitar pensar en Yolotl al verlo tan enojado
-Oye güerito más respeto con los clientes- le reprendió Carmelita
- Well then I'm going ... to see where they get another waiter for today at night- dijo mientras arrancaba su delantal y caminaba hacia la salida
-¡Ay no! ¿Qué vamos a hacer? El evento con la revista de" innovación culinaria" es hoy y no tenemos suficientes meseros- Dijo preocupada la señora Ana Sofía
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TE AMO: Con todos los colores
Hayran KurguAristotéles y Temo llegan a Ciudad de México con el propósito se crecer juntos y ayudarse mutuamente aunque tendran que pasar una serie de aventuras para amarse.