Los siguientes días en el colegio fueron vacíos, nadie se acercaba a ella. En cierta ocasión, en una hora de descanso, dirigiéndose al pequeño negocio a comprar un poco de helado, miró donde podría sentarse a disfrutar un poco de soledad y paz, pero el único lugar disponible estaba alejado y para llegar hasta él tendría que atravesar el patio. El problema era que la banda de chicos que el primer día se habían burlado de ella estaba en medio del camino. Armándose de valor caminó rápidamente, cuando pasaba por delante de ellos un pie apareció de la nada haciéndole perder el equilibrio, tambaleándose cerró los ojos para recibir el impacto del suelo contra la cara, pero no alcanzó a caer, unos brazos fuertes la tomaron de la cintura quedando con la cara pegada en el pecho de su rescatador. Al levantar la vista ahogó una exclamación de horror, se trataba del mismo muchacho al cual ella tan estúpidamente lo había soñado como un ángel, la miraba con expresión burlesca.
- ¿Por qué siempre estás en el suelo o a punto de caer?, puedo pensar que lo haces a propósito para tener una excusa para estar en mis brazos - Eliza se recompuso de inmediato y le lanzo una mirada del más letal de los disgustos - No me mires con esa cara, haces que me den ganas de...
- Sebastián - Interrumpió un chico alto - ¿Te dio por mezclarte con una nerd con complejo de reina?
- Creo que deberían mezclarse ustedes también con ella, tal vez de ese modo aprenden algo de modales... las reinas son sofisticadas... y llenas de virtudes – Agachó Su rostro y le susurró en el oído – Aunque estoy empezando a dudarlo ya que no me has dado ni un premio por ser tu rescatador dos veces.
Sorpresivamente, para todos los presentes, le dio un casto y ligero beso en los labios.
- Esto es solo una mínima parte de mi premio – Guiñándole un ojo dio la media vuelta dejándola sola y atónita.
Para Eliza fue un momento de vergüenza después que se recuperó del inesperado gesto. La odiarían aún más, la población femenina del colegio no dejaría pasar aquello fácilmente y buscarían venganza... todo por culpa de ese idiota, giró un poco para ver la reacción de los espectadores y apreciar las miradas de odio de las chicas que se encontraban en el lugar. Entendiendo el mensaje de su alarma de supervivencia social, salió corriendo del lugar.
Estaba sentada en la sala de clases, pero ya no en la primera hilera. Había decidido pasar lo más desapercibida posible, así encontró un hueco al lado de la pared en el cual de alguna manera lograba sentirse a salvo escondiéndose mejor de las miradas de burla y curiosidad dirigidas a su persona. La clase iba bien en general, pero la somnolencia se había apoderado del salón producto del calor reinante. De pronto la puerta se abrió sin que nadie llamara y entro una mujer que al parecer pertenecía a la parte administrativa del colegio. Conversó en privado con el profesor por unos segundos y luego ambos asintieron, luego la mujer con cara de aburrimiento se paró frente a todos y habló.
- Por algunos cambios que se han efectuado, hemos tenido que transferir a un alumno a esta clase -los ojos de la mujer vagaron por el curso en busca de alguna mala cara – Bueno, creo que a él ya lo conocen, espero que lo traten bien... No, mejor que no lo traten, es un caso perdido y ustedes terminarán más desorientados de lo que ya están - Dirigió sus ojos al profesor pidiéndole disculpas.
- Es de mala educación hablar mal de las personas a sus espaldas... ¿Cierto, señora Isabel?
La voz que había interrumpido provenía desde afuera, comenzaron todos a inquietarse, algo ocurría, y Eliza no entendía por qué se emocionaban tanto con el traslado de alguien. La mujer hizo un ademán para que el nuevo alumno ingresara. La puerta chirrió al ser empujada y luego entró. Al hacer el ingreso a la sala hubo un murmullo general de entusiasmo, mientras a ella se le iba el alma a los pies. Ahora entendía por qué estaban todos emocionados, se trataba del ángel, ¿Cómo era que seguía pensando en él como un ángel cuando estaba más que demostrado que no lo era?
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HACIENDA RINALDI
RomantikEliza Rinaldi no puede olvidar su trágico pasado, todo el mundo estuvo en contra de su romance con un chico que parecía un verdadero ángel. Eduardo, administrador, socio y mano derecha de Hermes Rinaldi, hombre frío, cruel y cínico,,Y AMIGO, tendrá...
