Era su primer día de clases en un colegio público, no tenía más opción, había cursado en los mejores colegios privados, pero por sus pésimas calificaciones y su constante rebeldía fueron poco a poco agotando todos los posibles colegios de acuerdo a su nivel social, dejando sin opciones a clarisa que estaba ya acostumbrada a dar grandes sumas de dinero como "desinteresados" donativos para que le permitieran permanecer. Pero llego un momento en que ni las conexiones de su madre ni el dinero pudieron hacer otra cosa, por lo tanto, solo le quedó la opción de un colegio secundario público. Clarisa había intentado todo lo humanamente posible pero el solo hecho de que nombrara a su hija, automáticamente las puertas se le cerraban en la cara.
El primer día resulto nuevo y extraño para Eliza, el colegio en sí era horrible, nada a lo que estuviera acostumbrada. Camino por los alrededores tratando de conocer la instalación, La edificación era de Hormigón sin una gota de pintura produciéndole la sensación de ser celdas de castigo más que salas de clases, a lo lejos pudo distinguir lo que según ella parecía ser la administración ya que tenían un mal baño de pintura y como todo adorno pizarrones con anuncios, fotografías antiguas y dibujos. El espacio designado para la recreación y deportes no era más que un largo terreno que abarcaba desde la entrada principal hasta el fondo, todo cubierto de barro, con unas cuantas bancas y arboles desnudos salpicados por aquí y allá. No había camarines, los baños... bueno lograban que se aguantara las ganas hasta llegar a casa. Todo era nuevo, un mundo extraño que jamás había experimentado antes.
Nunca había sido materialista y no daba mayor importancia a lo que la rodeaba, se sentía orgullosa de no ser una snob más al igual que sus antiguos compañeros de clases o las personas que integraban su mundo.
Otra cosa era la gente que asistía a ese colegio en particular, Eliza estaba acostumbrada ver a sus pares como una mala copia de chicos Cambridge, siendo el prototipo que sus familias esperaban de ellos; crueles, frívolos y hasta afeminados. Al igual que las chicas que no eran más que niñitas rosas con las cabezas llenas de algodón de azúcar y Chanel. No se contaba entre ellos, simplemente jamás encajaba en ni un lugar, solía mirar todo cuanto la rodeaba desde un punto de vista escéptico e indiferente, ya que ni la riqueza o la falta de esta siempre la tuvieron sin cuidado. A pesar de pertenecer a una de las familias más acaudaladas del país nunca pudo ser la señorita que Clarisa esperaba que fuera, siempre teniendo a flor de piel los deseos de gritar y salir corriendo sin importar donde fuera, pero su maldita vida planeada y llena de cosas superficiales la ahogaban desde que tenía uso de razón, jamás se detuvo a pensar de dónde venía este salvajismo por experimentar la vida sin la extremada protección de su burbuja de oro aunque... tampoco se quejaba de su cuenta de ahorros, solo quería tener la libertad de experimentar y actuar sin tener que dar las malditas explicaciones.
Aquí en este colegio las cosas eran diferentes y definitivamente no se encontraría con uno de sus pares, solo se le vino una palabra para definir a sus nuevos compañeros "pandilleros", así los describió, tanto en su forma de moverse, hablar y en sus actitudes de "me importa una mierda".
Todo fue surrealista, la miraban de una manera como si fuera una paria, meneo la cabeza tratando de deshacerse de los malos augurios que la recorrieron haciéndola tensarse, pero el presentimiento de que nadie la aceptaría como parte de ese lugar no la abandono.
- Excelente, una vez más represento el papel de parásito social.
No quería volver a lo que sufría en su antiguo colegio, deseaba tener amigos y compañeros de cagadas como cualquier otro de su edad, a pesar de que clarisa le había mencionado cada un minuto que no se le ocurriera trabar relaciones sociales con nadie, a no ser que fuera extremadamente necesario.
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HACIENDA RINALDI
RomansaEliza Rinaldi no puede olvidar su trágico pasado, todo el mundo estuvo en contra de su romance con un chico que parecía un verdadero ángel. Eduardo, administrador, socio y mano derecha de Hermes Rinaldi, hombre frío, cruel y cínico,,Y AMIGO, tendrá...
