«Y todos los caminos que tenemos que caminar son sinuosos. Y todas las luces que nos guían nos están cegando. Hay muchas cosas que me gustaria decirte y no sé cómo»
«En tu miedo, sólo buscas la paz. En su miedo, buscas sólo amor»
«Nada me...
Al amanecer Sam Wilson se encontraba en su habitual trote por la ciudad de Washington.
Una hora después llegó a su casa cansado y sudado. Abrió su nevera en busca de jugo para saciar su sed, antes de poder darle un sorbo a la jarra la puerta de su casa es golpeada varias veces. Extrañado camina hacia la puerta y la abre lentamente. Se sorprendió al ver a Steve con una chica en brazos inconcientes y la pelirroja, los tres cubiertos de polvo.
—Hola, amigo—le dijo al rubio sin salir de su asombro.
—Lo siento, necesitamos un lugar donde escondernos—habló Steve mirando al moreno.
—Todos lo que conocemos intentan matarnos—prosiguió Nat.
El moreno los miró por unos segundos.—No todos—contestó haciéndose a un lado para que entraran lo cuál hicieron inmediatamente. Sam dió una rápida mirada a los lados para asegurarse de que nadie los seguía y cerró la puerta con seguro y la persiana oscura.
Les dijo que entraran a una habitación de huéspedes para que pudieran asearse y tratar de despertar a la chica. Mientras Natasha terminaba de limpiar la cara de María procedió a terminar de secar su propio cabello sentada a un lado de ella. Steve la miró desde el espejo del baño fijándose en su mirada perdida. Salió del baño con una pequeña toalla en mano y se sentó en una silla que estaba frente a la cama y de ella.
—¿Estás bien?—preguntó aún limpiando sus manos con la toalla mojada, su franelilla blanca aún estaba llena un poco de polvo.—¿Que sucede?—volvió a preguntar al no tener respuesta.
La pelirroja lo miró unos segundos y comenzó a hablar.—Cuando me uní al SHIELD pensé que hacía lo correcto—hizo una pequeña pausa haciendo una mueca.—pero supongo que cambié la KGB por HYDRA—agachó la mirada.—pensé que sabía de quién eran las mentiras que decía...—ladeó la cabeza volviendo la vista al rubio.—pero ahora creo que ya no puedo notar la diferencia.
—Puede que estés en el trabajo equivocado—dijo después de escuchar atentamente.
Natasha lo miró y él sonrió de lado levemente.—Te debo una—dice la rubia.
—No hay problema—contestó negando con la cabeza.
—Si fuera al revés...y dependiera de mi salvar tú vida, se sincero conmigo—alzó una ceja y el rubio esperó a que terminara de hablar.—¿Confiarías en mí?.
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—Ahora, sí—dijo serio.—y siempre soy honesto.
—Pareces bastante alegre para alguien que acaba de enterarse que murió por nada—dijo soltando una pequeña risa con sus ojos aguados.
Steve se reclinó hacia atrás con media sonrisa mirando a la chica acostada en la cama.—Intento ver todo ésto de una manera positiva, y esa chica que está ahí...—regresó la mirada a la pelirroja quién sonreía de lado.—lo vale. Ella vale que esté aquí después de todo.