2. Mi Luna

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Lucas Harris

El trabajo en la manada como Alpha, es algo que disfruto hacer, me gusta ser un líder y estar atento en cualquier cosa que ellos necesiten, yo nací para esto, es un honor dirigirlos y servirles.

Ahora estoy leyendo las peticiones de algunos ingenieros, tengo que construir más parques en cierta zonas para que los niños y madres embarazadas no caminen demasiado, ya que la manada es enorme y ellas no necesitan hacer esfuerzo.

Si algo tengo que admitir, es que mi debilidad son las hembras, no quiero decir que soy un mujeriego, pero mi madre me crió para darles más prioridad a ellas. Y darme cuenta que las hembras embarazadas estén haciendo esfuerzo, me pone los pelos de punta.

Espero que los machos no se enteren sobre lo que pienso. Estoy trabajando en ello, que no haya más divisiones, las hembras de la manada han tenido que pasarla muy duro en todos estos siglos.

Tengo que reconstruir mas casas para los nuevos padres de la manadas, ya que sus cachorros nacen y no hay mucho espacio en las cabañas para parejas. Necesito la ayuda de Ángela.

Escucho que tocan la puerta, olfateo a su dirección. Es Dylan.

— Pasa — el abre la puerta y se recuesta en el marco. Es idéntico a mi madre.

— Hermano, no te olvides que hoy es mi partido, voy a llevar a Ángela — lo escucho atento, por supuesto que iré pero unos minutos tarde, arrugo mi ceño con lo último que dijo.

¿Ángela? ¿Cómo así?

— ¿Ángela? ¿por qué la vas a llevar?— le digo curioso, no me gusta que ella vaya a lugares donde hay pubertos hormonales que no piensan con el cerebro sino con otra cosa. Sé que es Ángela es 20 veces mayor que ellos, pero no puedo permitir que niños la vayan a sentir incómoda.

¿A quien trato de engañar? Ángela se sabe defender sola.

— Ya sabes como es, ella quiere apoyarnos — es cierto, ella trata de ser linda con todos, y siempre está para el equipo de la universidad aunque no esté incluida en el. Le gusta estar para los cachorros universitarios.

Aunque mis hermanos no estén cerca de serlos.

Me lo pensé por unos segundos, aunque ella sea menor por dos décadas a mi, sigue siendo nuestra pequeña y hay que cuidarla.

— De acuerdo. Ve con ella, ¿a qué hora comienza el partido? — le pregunto mientras comienzo a firmar unos permisos.

— En dos horas, pero voy ahora a la casa de Mike con Ángela ya que queda cerca de la Universidad Rosewood. Vamos a comer antes del partido.

— Está bien Dy, cuídala. O... deja que ella te cuida. Como sea — sonríe, sabe que no es necesario decirlo — ¿Cuando dejarás la universidad? Eres un viejo, déjale eso a los cachorros — él rueda los ojos, lleva años estudiando diferentes carreras, y nuestro padre no se quejaba, yo tampoco, mejor dicho que haga lo que quiera.

— Sabes que entre nosotros nos cuidamos, solo queremos sentir... jóvenes. Además, la vida estudiantil es lo máximo — me guiña un ojo y se da media vuelta batiendo su cabellera.

— ¡Cierra la puerta! — lo veo marcharse mientras me ignora — ¡Dy, cierra la puerta! — lo perdí de vista por los pasillos — Joder — me levanto yo y la cierra.

Pero que costumbre la de ellos. No hay respeto ni por el Alpha.

Me dispongo a ordenar todos los papeles de construcción, pasa una hora en que siento un ligero dolor de cabeza, estoy cansado, pero no es momento de quejarse. Hay que trabajar.

Mi Bella LunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora