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Antes de ingresar a la gran casa de los Jung, YunHo se puso una bata para cubrir su desnudez, y además, amainar el frío. Cuando paso por el pasillo que daba al baño, pudo ver de reojo que las sirvientas omegas preparaban el almuerzo. El olor a pollo lo ebriago de buena forma, y ansiaba que llegara la hora de comer.

Se metió a la bañera y enjabonó sin ayuda de nadie, y sin las estúpidas flores en el agua. Luego se secó y vistió rápidamente, para también aplicar un poco de rubor en las mejillas y brillo en sus labios. 

Al menos ya no olía a tierra seca ni tenía bichos en el cuerpo, su camisa oscura era suave y caía ligera sobre su torso, y sus pantalones negros, se apegaban dócilmente a sus fuertes muslos.

A la primera persona que se encontró, justo saliendo de la biblioteca, fue a su madre. La señora Jung tenía un libro en la mano y unos lentes gruesos puestos. Ella miró a YunHo de pies a cabeza, y se quedó absorta al llegar a su rostro.

—¿Que te has echado en la cara? —inquirió alzando una ceja. Ella ni siquiera le dio los buenos días.

—Me he maquillado un poco —contesto YunHo, esbozando una sonrisa—. ¿Como me ha quedado?

La mujer, en vez de contestar, soltó una risotada que hizo eco por el pasillo.

—Oh, cariño —respondió ella tomando una de sus mejillas con cierto toque de lastima—, te ves adorable, pero pareces un payasito. Ese rubor es excesivo, poco natural. Ya tienes diecinueve años, ¿Cuando aprenderas a maquillarte como un omega decente?

YunHo resopló frustrado, y trató de quitarse el rubor con una mano, pero su madre se lo impidió diciendo un poco paciente "Si haces eso te quedará peor".

—Creo que le pediré a WooYoung que me enseñe a usar el rubor —indicó YunHo sin contradecir a su madre. 

Con el solo hecho de escuchar el nombre de su hijo menor, ella cambió el semblante a uno mucho más orgulloso. 

—A propósito de tu hermano; tu padre está en una reunión exclusiva con el rey, hablando de WooYoung. Esperemos que se concrete el matrimonio entre el heredero con WooYoungie —manifestó ella entusiasmada—. Todos los omegas de renombre tendrán de envidia por tu hermanito —vaticinó con cierto toque de pedantería.

—Seguro —concordó YunHo, y cambió de tema—. Por cierto, yo he visto... en la cocina que…

Algo distrajo a ambos omegas, tanto así, que YunHo olvidó totalmente lo que iba a decir.

La omega mayor, de repente, empezó a olfatear como si un olor extraño la hubiera aturdido. De hecho, con YunHo ocurrió lo mismo: una mezcla de olores los azotó de forma brutal. No era desagradable, pero sí abrumador. Podía oler a flores y frutas, también a árboles y semillas, como si un montón de alfas y omegas estuvieran a punto de visitarlos. 

—Oh, Yunho. ¿Te llegó el celo y no tomaste tus supresores? 

YunHo sacudió la cabeza, negando tajantemente. Él había tenido su celo la semana anterior, además, ese no era un olor a celo. El celo era un olor intenso, fuerte y penetrante. Pero este era confuso, como una mezcla de muchas esencias,

YunHo podía describirlo únicamente como el olor de un omega embarazado. 

La mujer lo captó enseguida, adquiriendo un carácter mucho más molesto e impresionado hacia YunHo.

—¿Estás preñado, lobo estúpido? —soltó ella, dándole un manotazo en la cabeza.

—¡Ay, no! —chilló sobándose la nuca, justo donde su mamá le había pegado.

Sí, durante su celo hizo algunas cosas comprometedoras, pero tomó todas las debidas precauciones. Era intuitivo y medio salvaje, pero no estúpido. Además, el sexo que tuvo era demasiado reciente como para embarazarlo… ¿O no? Debían pasar al menos dos semanas para que el embrión se formara, y un mes para tener el síntoma de los múltiples olores.

Justo en ese instante, desde allí mismo, en la entrada de la biblioteca, Yunho y su madre escucharon a alguien entrar a la casa.

IDEAL [yungi]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora