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La jornada había sido agotadora y sin los reyes, así que esa noche YunHo estaba tan cansado que su tristeza había pasado a otro plano. Ambos príncipes debieron asistir a una congregación juvenil de lobos dedicados al servicio comunitario y todo comenzó a las ocho de la mañana. YunHo, a pesar del cansancio, se había relajado con todos esos adolescentes que trataban de cambiar el mundo desde su zona acomodada, y la prensa le había tomado muchas fotos... a él y a MinGi, por supuesto. Él ya no era visto como un "príncipe de hielo", sin embargo enfatizaban la escasa conexión entre el matrimonio por conductas tan básicas como lo poco que se miraban a los ojos o el trato excesivamente formal que tenían en público. YunHo aún se urgía por su imagen como príncipe, pero respecto a eso no podía hacer más, ya que en efecto, su trato hacia MinGi era casi nulo. Al menos ahora las críticas no recaían sólo en él, y eso lo hacía sentirse un poco más tranquilo.

Se subió al vehículo que los transportaba, el mismo de siempre, y vio como los guardaespaldas con su marido lo hacían también. Naturalmente, MinGi se sentó junto a él, abrió un poco la ventana polarizada para ver las luces nocturnas de forma nostálgica, e hizo un puchero que YunHo estaba seguro no haría frente a las demás personas. Todos sus viajes eran así, sin excepción. MinGi iba en silencio observando hacia afuera mientras él miraba sus propias manos, o su propio reflejo ojeroso cubierto por un bello maquillaje, o al mismo príncipe, tal como ahora.

Por eso, se sorprendió mucho cuando el menor giró su cabeza hacia él y dijo relajadamente:

—No iremos al castillo ahora.

Su voz a pesar de tranquila sonó imperativa, y eso lo dejó en shock. MinGi era casi un adolescente, pero no dejaba de demostrar ser un alfa poderoso con actitudes sutiles de dominancia. Al lobo de YunHo claramente le encantaba eso, pero como siempre su parte humana totalmente asincronizada, sentía lo contrario. Mordió su labio inferior sin darse cuenta, lo que también exteriorizó su parte omega, tan sumisa que lo hacía enfadarse consigo mismo.

—¿Por qué sigue asustándose conmigo? No tenga miedo, joven Jung —indicó MinGi sin perder ese tono sereno—, si algo malo ocurre yo lo protegeré, recuerde que soy su alfa.

El vehículo tomó un circuito diferente y que YunHo nunca vio antes, haciéndolo sentir más indefenso aun. Era de noche y su esposo lo llevaba a un lugar apartado del reino, junto a otros dos alfas dispuestos a obedecer lo que este quisiera. Su corazón martilleaba como loco y su olor a begonias se abstrayó hasta el punto de casi no sentirse, al contrario del aroma a castaño intenso dentro del vehículo que parecía querer consumir al único omega presente. Los ojos de MinGi, muy pequeños, no dejaban de mirarlo fijo, tal vez esperando alguna respuesta de su parte.

Pero YunHo no sabía qué decir.

El auto se detuvo después de aproximadamente media hora afuera de un pasaje angosto en donde había un montón de casas pequeñas. Parecía ser un sector típico de clase media capitalino, lugar que alguien tan adinerado como YunHo nunca visitaría en circunstancias normales, y MinGi menos. Pero eso no impidió que el alfa se bajara del auto, para luego abrir la puerta del lado de YunHo y un poco tenso, indicarle que lo acompañara. A YunHo no le quedó otra más que obedecer, aparte de asustado, muy curioso. MinGi de pronto había perdido esa energía poderosa y parecía estar tan perdido como él, lo que hizo suponer a YunHo que en efecto, el príncipe no tenía idea dónde estaba parado.

—¡Oh! —exclamó de pronto MinGi—. ¡Ahí es! Sígame.

El alfa caminó hacia una de las casas, de un amplio jardín protegido por una reja alta, y de sólo un nivel. Afuera tenía un árbol frondoso, algunas flores y un césped perfectamente cortado. También había un camino de cemento que conducía a la puerta… y allí mismo, entre la entrada a la casa y la reja protectora, un hombre se dedicaba a regar tranquilamente, aprovechando que sol no pegaba como en el día. 

El tipo, no muy alto y bastante joven, tardó en darse cuenta de la visita real en su nuevo hogar. Si no es por el familiar y muy sutil olor a begonias que sintió antes en una de las camisas del nido de su pareja destinada, él jamás se habría dado cuenta de que justo afuera de su casa, lo miraban fijamente el príncipe omega Jung YunHo y el príncipe alfa Song MinGi.

Quedó tan impactado que la manguera con que regaba se deslizó de entre sus manos retorciéndose en el aire, y haciendo que el agua salpicara hacia todas partes.



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IDEAL [yungi]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora