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Capítulo 3

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—Lamento que nunca hayas tenido amigos, lamento muchas cosas, pero no te metas en mi vida. Gabriel es mi mejor amigo. Y nos gustan las mujeres. —¿Por qué tenía que aclararle eso a él?, pensó, se suponía que no le importaba lo que pensara de él, pero ahí estaba, otra vez—. Otro día vamos a tener tiempo para desayunar o comer juntos.

      Aunque esperaba que ese día no llegara nunca.

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    Desayunaron, Gabriel solo un poco, creía que iría a vomitar, y luego el rizado se quedó limpiando la cocina y él se fue a su casa.

     Al llegar, agarró su celular para responder unos mensajes que le habían enviado, pero no había querido responder todavía. Se trataba de Gisela, otra vez.

Gisela: Tato, esta noche estoy sola…

     No lo podía creer…

      Fue en dirección al primer piso mientras pensaba en lo que le respondería.

Renato: Por qué hacés esto?

Gisela: Ya sé que dijiste que solo una vez
            Pero dale ¿no te gusto?

      Fue a abrir el armario para buscar qué ponerse. Agarró una camisa negra de manga larga con enormes flores coloridas: azules, amarillas y rojas.

Renato: Y qué hay de tu marido? Vas a seguir engañándolo?

Gisela: Si queres nos vemos en otro lado

Renato: No, estás casada
             Por qué le hacés esto? Tanto cuesta no tener nada con una persona y no lastimaría. Sí querías meterles los cuernos, no sé por qué te casaste

     En ese punto, la mujer no le respondió más.

***

    En Café y Letras, estaba en el sector de los libros buscando el de Yo, adolescente, que querían comprar. Minutos después, les facturó la compra, volvió a esa zona y se quedó ahí porque dos personas se habían acercado a ver los libros en las estanterías y le habían dicho que quizá lo necesitarían.

    Mientras, no podía dejar de pensar en Carolina y en lo que había pasado.

    No podía dejar de pensar aun cuando todavía le dolía la cabeza.

    Miró a su mejor amigo.

    Renato estaba acercándose a una mesita con una sonrisa brillante en la cara y sosteniendo en una mano la bandeja en la que se apoyaban una tacita de café y un plato con tres galletas de chocolate amargo y chispas de chocolate blanco. Depositó el café y el platito ante la chica de rulos y se quedó hablando con ella.

    Su amigo siempre había tenido facilidad para hablar con las chicas y de tocarlas y hacerlas sentir bien. Tal vez él podía ayudarlo.

     Lo observó más tiempo y vio que su charla llena de risitas con la chica se estaba prolongando, y es más, el chico señalaba la silla que estaba a un lado de la mesa y luego se sentaba ante un asentimiento de cabeza de la cliente.

      Rodó los ojos. Su amigo estaba chamuyándose a alguien en pleno trabajo. Cuándo no. Debería ordenar sus prioridades, pensó.

     Siguió viéndolo un ratito más, hasta que las dos mujeres lo llamaron para preguntarle sobre libros de Borges. Les señaló la estantería correspondiente, ellas le agradecieron y fueron hasta ahí.

     Cuando volvió al arco de la entrada, vio que el castaño seguía sentado a la mesa con la chica y hablando con ella. Y el jefe, Julián, se estaba acercando. Miró a uno y a otro.

Por un besoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora