Agarró una de las lamparitas en forma de vela y la encendió. Así fue haciendo con todas hasta que quedaron iluminadas. Notó que algunas lanzaban una luz más débil que otras.
Para él, daba una imagen espectacular. Un camino entre luces. Bajó nuevamente después de encender el último y se puso al lado de Gabriel, que miraba todo con una sonrisa.
Entonces, una de las débiles, se apagó. A los segundos, fue seguido de otra. Después se fueron apagando todas por turnos.
—Sí que podía pasar algo más —dijo triste.
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Gabriel lo iluminó con la luz de la linterna de su celular. No abandonó los ojitos tristes ni la trompa involuntaria que se le había formado. El ex rizado se acercó despacito y puso una mano en su nuca, con los ojos en los suyos. Le dio un besito suave y tímido en los labios.
Todavía tenía el celular iluminando en una mano y la otra mano en su nuca. Le sonrió apenas y él le sonrió a su vez.
De pronto, Ex Rulitos abrió la boca para decir algo, pero lo agarró de la cara y empezó a darle besitos en los labios, callándolo. Besitos que Gabriel correspondió. Después se alejaron y se quedaron mirando, pero los ojos de Gabriel se fueron más arriba de sus marrones.
—Te cortaste el pelo, me gusta cómo te queda. —Seguro eso habría querido decir cuando lo había interrumpido.
—Todo por vos.
Pero entonces, recordó algo y se puso un poco mal.
—¡Santiago!
—¿Qué?
—Santiago no fue el que le dio mi número a Fiorella. Fue mi papá.
—¿Eh?
—Se conocían. Mi papá quiso siempre alejarme de vos…
—Cuando esa vez lo mencionó en la librería…
—Sí, quería que me alejara de vos y saliera con ella, pero no lo consiguió y le dijo a mi papá sobre nosotros y la cena. Y otra cosa… Él, Santiago, ayer me dijo que parecía que Fiorella estaba planeando algo contra la cena, dijo que había escuchado que le decía a alguien que yo te iba a preparar una cena romántica, le dio todos los datos. Y creí que el que estaba planeando algo era él.
—Nos equivocamos con Santiago.
—Sí.
Unos golpes en la persiana los interrumpieron y luego la voz de Julián se alzó desde el otro lado:
—¿No se van a quedar ahí, no, con este apagón? Vengan al departamento. Tu mamá te está esperando acá conmigo, Renato. Y hay sanguchitos para que coman.
—Esto me parece tan raro —susurró.
—Parece un buen hombre para tu mamá.
—Parece que sí.
—¿Chicos? —habló su viejita.
Fue a abrir la puerta con la linterna de Gabriel iluminando. Su mamá y Julián estaban ahí.
—Amores, ¿no se van a quedar ahí, no?
—Vengan con nosotros. Mañana temprano limpian y ordenan todo —dijo Julián.
A él le hizo ruido una palabra.
—¿Temprano? ¿Eso quiere decir después de las cinco de la tarde, no?
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Por un beso
RomansaRenato y Gabriel son mejores amigos desde la secundaria, hasta que un pequeño suceso cambia todo.
