IX (9) - CAPÍTULO

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----AXEL----

-La verdad es que Steve y yo nos parecemos mucho.- Dice papá con la vista hacia la carretera.- Me imagino que estos veintiún años que han pasado debo parecerme aún más, ya estoy algo pasado de años.

Le miro detenidamente por el retrovisor escuchando todo lo que dice.

-Es cierto.- interrumpo.- Ya estás algo viejo.

-Tú padre se ve muy bien para tener cuarenta y seis años.- contesta Sarah reposando la cabeza en el hombro de papá.

Papá voltea a mirarle y le regala una gran sonrisa.

-¿¡Tienes cuarenta y seis años!?.- Grita Ian.

-Sí.- dice papá riendo.

-Estás viejo.- dice el niño tomando asiento en el centro y acercando su cuerpo hacia papá.-¿No te duele nada?.

-No hijo.

-¿Y si te toco?.

-Tampoco.

-¿Y si cargas a mamá?.- Pregunta girando a mirarla.

-Siempre cargo a tu madre y estoy bien.

-Nunca he visto que la cargas.

-Sí, lo hago.

-¿Dónde?, nunca los he visto. ¿Tú sí?.- Gira a mirarme. Está confundido con la edad de papá.

-No, me encantaría saber cuando papá carga a mamá.- contesto echando a reír.- Sí, papá. ¿Dónde y cuándo cargas a mamá?

Mamá gira a mirarme con ojos asesinos mientras dice algo entre dientes.

-¿Dónde cargas a mamá?.- pregunta Ian volviendo a ellos.

Papá echa a reír y voltea a mirar a su hijo.

-A tu madre la cargo en la cama.- dice a Ian muy relajado.

Echo a reír mientras mamá empieza a gritar unas cuantas cosas a papá.

Quizás papá esté tan contento porque estamos yendo a ver a su familia, hablo de los abuelos.

O quizás simplemente esté en uno de sus mejores días. No me quejo, me encanta saber que papá está feliz. Él es un hombre que merece mucho, da todo por su familia, sus amigos y por las personas que lo necesitan.

Siempre dice que sus empresas no solo son para personas que están estudiadas o que al menos tienen un título universitario, siempre me ha dicho que las cosas son de quienes las necesitan. Al principio no entendía nada de aquello, hasta que un día se tomó el tiempo de explicarme.

Decía que en el mundo hay personas que se acostumbran a tenerlo todo sin necesitarlo, al igual que existen aquellas que no tienen nada, necesitando todo y luchan por ello. Eso me dió a entender que tenía todo aunque no lo necesitaba, y la verdad es que aquello me hizo sentir realmente extraño.

Quería ir donde todas las personas del mundo e intentar dar todo lo que tenía, y sentía que podía hacer eso. Claro, era un chico de catorce años, entraba en la pubertad y quería ser lo mejor para papá y mamá. He allí el porque los primeros días pensaba que la casa era demasiado grande para nosotros. Tenemos todo sin necesitarlo.

-Axel.- dice papá estacionando el auto.

-¿Qué?.

-No hagas comentarios que no debes, ig...

-Ignora algo que te interese y sé amable.- termino lo que quiere decir.- siempre lo dices.

-Y siempre lo haces.- arquea las cejas.

Solo a tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora