CAPÍTULO 18

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Ricci me estaba ayudando a cambiarme con mi traje de montar. Era un pantalón negro, una camisa de algodón muy suave y cómoda, con un saco blanco con botones dorados al frente. Tenia unas botas negras que me daban un poco más abajo de las rodillas, con el cierre de color oro, y el borde de la suela blanca.

-Estas bellicima 

-¿Qué te parece que dice este atuendo?

-Aquí la que manda soy yo, la princesa Chiara de Italia 

-Bien, eso me basta 

Tomo el látigo y la correa la hato a mi muñeca. 

Bajo las escaleras con Ricci a mi lado. Mi padre y mi madre estaban al final de las escaleras, mi madre llevaba un vestido azul cielo y mi padre un traje azul rey.

-¿Estás segura de querer intentarlo?

-Más segura que nada Rey Baldassare

-Bien, te lo están ensillado, mira que puedes arrepentirte en último momento

-No sucederá

-¿Cómo estás tan segura?

-Porque no soy una cobarde 

Me da una mirada que no se como descifrar, pero se que esta interesado.

 -Lista y bella como siempre -dice Fiorella mientras baja las escaleras creyendose la mejor del mundo 

Los cinco salimos hasta el campo, en una cerca estaban acomodando al caballo negro, aquí afuera se veía mucho más alto e imponente.

-Hermanita, usa el de tu mami, no quiero que te lastimes montando a ese caballo salvaje 

-Tienes que aprender algo de mi hermanita -le digo desafiante -Yo nunca me hecho para atrás, se lo que quiero y como conseguirlo 

Comienzo a caminar decidida hacia ese caballo. Veo a Gian, Angelo y a otro hombre.

-Espero que sepas lo que haces -me susurra Gian 

-Siempre es así Gian, si no supiera lo que hago, créeme que no lo haría 

-Voy a estar a centímetros de ti y del caballo si quieres que lo detenga me lo dices -mira a mis padres y a mi media hermana -No tienes que demostrarles nada 

-Te equivocas, tengo mucho que demostrarles y no me conocen ni un poco 

El caballo al verme relincha y me penetra con la mirada, así que hago exactamente lo mismo con él. Tiene que saber quien manda y yo nací para eso.

Angelo y Gian sugetaron al caballo, mientras tomo la silla de montar. Coloco mi pie en el estribo y me impulso para quedar montada, sujeto fuerte las correas.

-Apartense y no se acerquen -les digo 

Ambos sueltan al caballo y este empieza a correr, jalo las correas y hago que frene. Pero eso lo molesta y se levanta sobre sus patas traseras, me sostengo y el caballo relincha.

-NO SE ATREVAN A ACERCARSE -les grito a Gian y Angelo que comenzaban a caminar hacia mi 

Le doy un latigazo al caballo y relinchó nuevamente, le di otro y volvió a pararse sobre sus patas traseras. Lo golpe nuevamente y le di un jalón a las riendas y el caballo cedió. Golpeo con la fuerza necesaria sobre los costados del caballo con mis pies y comienza a caminar obediente.

-Así me gusta, obediente -le digo acariciando su cabello 

Acelero el paso y lo detengo delante de mi padre. 

Entre DinastíasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora