14 || La Parca

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7 de marzo de 2019

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7 de marzo de 2019

Hay una ligera diferencia entre engañar a los demás, y engañarse a uno mismo. Que otros desconozcan tus razones no produce el miedo que sientes cuando tus acciones comienzan a escaparse de tu control. Perderse en el interior de uno mismo es más apabullante, cuando también pierdes la certeza de la realidad que te rodea.

Tal y cómo estar en un pozo dentro de otro. Esa había sido la sensación que me había perseguido toda la semana, la que se había llevado mi sueño, dejándome a cambio unas preocupantes ojeras.

—¿Estás bien?

Nunca había estado demasiado bien. Los infelices no siempre muestran que lo son. Es parte de la mentira creerse la sonrisa que vemos en las pupilas de cualquiera, o en el reflejo del espejo.

—Sí. — contesté, distraída — Solo estaba pensando.

Aren y yo éramos dos tipos de personas distintas. Su aura, tenebrosa y dañina, protegía a un tipo dividido entre oscuras intenciones y fragilidad. Seguramente, cierta frase que aún no había conseguido descubrir, sería suficiente para hundir su fortaleza de orgullo y burla. Aunque había una intensa conexión entre nosotros — una que él parecía esmerarse en hacer perdurar —, no había manera de traspasar la ausencia de humanidad que había en sus ojos gélidos.

En cambio, yo sabía esconder cada ápice de mí, para adaptarme a los estándares sociales. Prefería evitar tener más enemigos, aunque a veces fallase, y él era masoquista, atrayendo con su acciones puro odio.

El hecho era que ambos guardábamos oscuridad, a pesar de que uno prefería divulgar trocitos de su podrida alma, para cortar de repente el camino de miguitas, y dejar con la intriga; y otro veía más sencillo asegurarse un sitio en varios corazones, a base de falsa bondad y transparencia.

Aunque ya no me parecía tan fácil. No era capaz de congeniar con nadie, y eso me cabreaba. Aquellos pueblerinos se relacionaban cómo mudos, con gestos y entendimientos propios. Ya no les importaba juzgarme con la mirada, supuse que por tener la culpa de irrumpir en su paz.

«La Parca. La Parca ha vuelto.»

Tampoco estaba muy claro si la tenía. Las palabras de Georgina habían demostrado de nuevo que allí se escondía una historia digna de contar para tener pesadillas, la que desconocía, y nadie tenía intención de, al menos, resumirme. ¿Cómo podían culparme de algo que ni siquiera sabía?

La Parca era sinónimo de muerte. ¿Un asesino? Si la madre de Nala había hablado de una maldición, ese asesino ya había aterrorizado a muchos en otra época. ¿Y si nadie hablaba, por esa creencia estúpida de que, si no nombras a una amenaza, esta no aparecerá?

Y aún quedaba el dato más desconcertante: La Parca era el abuelo de Aren.

¿Lo era? ¿Lo había sido?

Destiny Grove: pueblo de misteriosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora