10.- Suspiro.

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Narra Carlos.

Estoy muy cansado, tan cansado que no importaría dónde echarme a dormir.

—¡En alguna parte tiene que estar! —Grito Ortega un poco molesto.

Los miraba a todos y cada uno de mis amigos. Todos estábamos cansados, no sé muy bien cuanto llevo caminando.

—¡No! ¡Por favor!, ya no más —Comento Dulce, al ver un animal frente a nosotros.

Todos nos veíamos a la cara, pensando, ¿Qué hacer?

—Yo me encargo —Lizuly levanto su lanza.

En un solo movimiento, Lizuly había golpeado al animal, el cual huyo muy de prisa.

—¡Te volverás buena en esto! —Sonreí un poco.

—Al menos seré buena en algo.

Ella comento dejando caer su lanza.

—¿Estas bien? —Pregunto Ortega, tocando a Lizuly.

Ella lo miro y luego solo asintió con la cabeza.

—¡Sigamos! —Pedro comenzó a caminar delante de todos.

Tomamos camino nuevamente, era algo cansado. El sol estaba escondiéndose. La noche llegaría pronto.

—¡Lo siento chicos!, debemos volver —Dijo Ortega mirándonos a todos.

—¡No! Tenemos que buscarla —Mencione preocupado.

Todos posaron sus miradas en mí.

—¿Acaso ustedes no quieren encontrarla? —Pregunte confundido.

Los miraba a todos, ¿Quién sería el qué me contestaría?

Marisol estaba a punto de hablar cuando un gran grito, lleno de sentimiento y coraje se escucha, es de una chica.

—¿Escucharon eso? —Pregunto Manuel confundido—. ¡Puede ser Yulma!

Sin pensarlo comienzo a correr dejando a todos atrás. Tengo que encontrarla y mi mente estará tranquila.

Solo movía las hierbas que me estorbaban y seguía corriendo.

—¡Carlos! ¡Carlos!

Alguien gritaba detrás de mí, yo no ponía atención lo único que me interesa, es llegar con la que grito.

De vez en cuando, giraba mi cabeza para ya no ver a mis amigos, los había dejado tan atrás que ya no podía verlos.

—¡Tengo que seguir! —Gritaba una y otra vez.

Sentía un dolor en mis pies, todo el día caminando buscando a mi amiga y no tener ningún resultado.

—¡Yulma! —Grite.

Grite tan fuerte, que hasta unas aves volaron de los árboles junto a mí.

Seguía corriendo, otro grito se escuchó más cerca. Sabía que estaba por llegar.

—Conozco este lugar —Me dije a mi mismo.

Era el camino al cual llegamos a las cabañas, todo es cierto, en ese lugar ya no hay nadie.

Enfrente de una cabaña, había cuatro personas de pie y una en el suelo. Me acerque rápidamente.

Mis labios formaron una gran sonrisa al ver a Yulma entre esas personas. Pero rápido desapareció al ver a una joven tendida en el suelo.

Atrapados en el AmazonasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora