10 de junio. 1966
- ¿En serio crees qué nos iremos y te dejaremos en un país completamente ajeno para que puedas estar con alguien que conoces hace semanas?. - Elissa estaba completamente encolerizada mientras observaba a su hija adolescente. El rostro de la menor estaba rojo aguantando una inmensidad de insultos hacia su madre. - ¡¿Acaso perdiste la cabeza?!.- Los brazos de la mujer se extendían hacia el aire en una señal de desesperación. Parecía que a su hija le habían lavado el cerebro, se comportaba como lo que era, un niña queriendo jugar a ser adulta.
- No sabes nada sobre mi o sobre mi vida. - Dijo. - ¿Por qué siempre que me ves feliz tratas de impedirlo a toda costa?. - La pequeña se sentía atacada como nunca en su vida. En su mente todo parecía más sencillo, hasta juraría que era un plan perfecto, quedarse en Londres junto a Chad, terminar sus estudios ahí y luego buscar algún trabajo pera compartir cuentas y vivir felizmente junto al maravilloso hombre que había dibujado en su cabeza. Pobre ingenua.
- ¡Maldita sea, Ciara!. - Su madre comenzaba a perder toda clase de paciencia, y tampoco es que tuviera mucha. - Lo que sucede es que cada vez que estás feliz algo estúpido viene acompañado de ello. -
- ¡Soy casi una adulta!. - Gritó llena de caprichos. - No vas a prohibirme hacer con mi vida lo que se me dé la gana. - La mayor levantó sus cejas sorprendida, en ese rejunte de palabras había sido enterrada lo que quedaba de una Ciara tímida como la que se mostraba en Argentina.
- Ese hombre te llevará a la ruina, ¡es mayor y ni siquiera tiene un empleo fijo!, ¿qué es lo que no te permite verlo?. - Nadie dijo que la maternidad sea algo fácil y que fluyera con completa naturalidad, sin embargo jamás creyó tener que discutir algo así con su hija, algo que era tan obvio para los ojos de los demás. Chad era un inútil, podía olerlo a kilómetros, pero parecía que su hija trataba a toda costa de volverse un poco más ciega para evitar ver una realidad que asomaba las narices.
- ¡Quiero estar aquí con él, y nadie me lo va a impedir!. - Su madre harta de toda esta situación llevó su mano hasta sus ojos, haciendo presión en ellos para evitar perder los estribos.
- ¡Suficiente! - Gritó. - ¡Lárgate a tu habitación y no saldrás hasta que yo lo ordene! - El pequeño cuerpo de la chica subió las escaleras, de su boca podían oírse palabras hirientes, las cuales su madre decidió ignorar por completo.
En el otro extremo de la sala se encontraba el padre de Ciara, su rostro estaba escondido detrás de un periódico inglés, su vista se mantenía fija en palabras e información que poco le importaba.
- Gracias por tu apoyo, realmente eres fantástico en todo esto. - Dijo Elissa con sarcasmo. Su esposo se había mantenido callado todo ese rato, el único sonido que emitía era el de las páginas pasando.
- Discutir con Ciara es como hablarle a una piedra. - Comentó sin levantar la mirada. - Deja que se equivoque, sino ¿de qué manera aprenderá a vivir?. - La mujer creyó oír mal, ¡su esposo había perdido la cabeza!.
- Es mi hija, ¡Nuestra hija!. - Gritó. - No podemos permitir que su vida se desperdicie al lado de una persona como Chad. - El hombre seguía sin mirarla. Nada parecía importarle, podía presentir todo lo que se avecinaba.
Escaleras arriba justo en la segunda habitación de la derecha, se encontraba una Ciara adolescente, llena de adrenalina por vivir un auténtico romance adolescente cargado de emoción y aventuras.
"No puedo ser su pequeña por siempre."
Su dulce caligrafía dibujó el punto final de aquella carta que desataría cada una de sus futuras miserias, y ella sonrió, no lo sabía, claro.
No lo pensó ni por un segundo, sólo dobló el papel y lo dejó visiblemente acomodado sobre su escritorio. Tomó su bolso y arrojó unas cuantas prendas dentro de él.
Observó el reloj, era temprano, esperaría a que sus padres se fueran a dormir y luego de eso su nueva y alocada vida comenzaría.
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Hold On (Roger Taylor)
FanfictionAmar, luchar, acusar, negar. No puedo imaginar un mundo sin ti. La alegría y el caos. Los demonios de los que estamos hechos. Estaría tan perdido si me dejaras solo. ¿Puedes oírme gritar, por favor no me dejes?
