Capítulo 48

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- Recuerdo que la acerque a mí y pude sentir sus latidos. - La voz de Freddie salió pausada y lastimada. Sus ojos no se apartaban de sus manos, y solo podía oír cómo Roger aceleraba y el automóvil salía disparado con gran velocidad.

Los corazones de las tres personas dentro del vehículo, palpitaban lento, como si sus latidos se fueran apagando a medida que los de Ciara lo hacían

- ¡La apoye sobre mi pecho y sentí sus latidos! - Alzó la voz. Aún se mantenía en estado de shock y su cerebro permaneció estático ante la imagen de Ciara desangrándose lentamente en medio de la sala. - Si tan solo hubiese llegado unos minutos antes, ella estaría bien, ¡pero el maldito taxi se desvió del camino! - Pequeñas gotas saladas bajaron del rostro de Freddie. El hombre, completamente dominado por el dolor, alzó su puño izquierdo y lo estrelló contra el vidrio del vehículo.

Roger hizo presión sobre el volante, logrando que la sangre de sus manos bajara directo a la punta de sus dedos, dejando sus nudillos tan blancos como la nieve.
Por un instante la idea de no volver a ver a Ciara le hizo eco en el corazón. La angustia y la soledad que llegó a sentir al pensar cómo sería un mundo sin ella, fue lo suficientemente fuerte como para quitarle todo el aire de sus pulmones. Un jadeo abandonó sus labios, no respiraba, se sentía ahogado y le dolía cada parpadeo que daba.
Sus ojos azules voltearon a ver a su acompañante, Elissa mantenía sus ojos cerrados y tapaba sus oídos tratando de bloquear todo lo que Freddie decía. La blanca nariz de la mujer había tomado un sutil color rojo en la punta, al igual que sus mejillas.

Roger mordió su labio con tanta fuerza que pudo sentir como este se desgarraba y comenzaba a sangrar manchándole la lengua. Elissa le recordaba a Ciara, y eso hacía que nuevamente se sienta ahogado, el miedo a perderla se hizo aún más fuerte cuando pudo ver a lo lejos como el letrero y las luces del hospital casi alumbraban toda la cuadra.
Pudo oír, por primera vez en el viaje, como Freddie se volvía a quebrar en un llanto ensordecedor, y por un instante, la ira lo dominó por completo, queriendo atentar en contra del cantante.

Hizo más presión sobre el volante, la piel que cubría sus nudillos estaba a un suspiro de romperse, pero a él no le importó. Giró el rostro hacia los asientos traseros, su mirada azul captó como Freddie aún seguía observando sus manos manchadas de la sangre que en algún momento estuvo dentro del cuerpo de Ciara, y lloraba, su rostro blanco estaba completamente rojo e hinchado. Roger frunció el entrecejo en dirección al pelinegro y decidió no decir nada, tragándose su ira y su tristeza. Volvió a mirar hacia el frente y solo tuvo que acelerar unos pocos metros para poder dejar el auto mal estacionado, logrando que en un par de horas éste se encuentre con más de una multa.

Roger no esperó a nadie. Bajo tan veloz del auto que no se percató que dejó la puerta abierta. Sus botas salpicadas de lodo hacían eco contra el pavimento húmedo, corrió hacia la entrada y encuestión de mínimos segundos, el olor invasivo de hospital dominó su sentido del olfato.
Con los ojos ligeramente aguados busco a alguien que lo pueda ayudar, dio tres paso hacia la derecha cuando pudo divisar a una mujer con un ambo rojo.
Con la desesperación dibujada en el rostro, corrió hacia ella pero unos brazos lo detuvieron, John estaba allí.

Sus ojitos marrones brillaban con tristeza, evitando mirar fijamente el rostro de Roger, se sentía avergonzado por su actitud en el último tiempo y la culpa había bajado en el momento menos indicado.

El baterista, impaciente, revoloteó la mirada esperando que el chico le diga algo, pero este solo lo tomó del brazo, dirigiéndolo hacia el pasillo en el cual había estado esperando por su grupo de amigos.

Cada paso dolía y su mente se bloqueaba ante la realidad que tenía frente a sus ojos.
Había personas en los pasillos, algunas escondían su rostro entre sus manos, mientras que otras veían como el tiempo pasaba bajo sus narices.
Un dolor paralizante en el pecho lo estremeció de pies a cabeza. Sus ojos azules se aguaron ante aquella sensación. John se detuvo en un pasillo desolado, las paredes blancas habían comenzado a cerrarse y nuevamente no podía respirar. Caminó hacia atrás y chocó con un cuerpo. Roger bajo la vista y se encontró de lleno con los bordes blancos de la bata del médico que corría en dirección a la puerta en la que John se había detenido. Todo estuvo en silencio, hasta que una mano se posó sobre su espalda y volvió a respirar. Elissa estaba allí, mientras que su mirada triste se perdía en la puerta que tenían enfrente.
El bullicio del hospital le perforó los tímpanos, y parpadeó rápido, su shock terminó, y la realidad que lo rodeaba se volvía a sentir ruidosa, y más aún cuando luego de unos largos minutos otra doctora volvió a correr hacia aquella puerta.

Hold On (Roger Taylor) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora