Lunes 11 de septiembre. - 1974
Roger no durmió, las energías del varón eran absorbidas por esos pensamientos que le quitaban el sueño desde que su chica había optado por dejarlo, sin considerar todo lo que aquella historia vívida significaba en sus vidas. Sin darle lugar a explicaciones.
Ella estaría de regreso antes de que ese mes terminara, ella volvería a su vida para derribar todas las penas en las que el chico había decidido a sumergir su atormentado corazón. Roger no comprendió en la persona que se convirtió hasta que escuchó la voz de Ciara en telefono, fue ahí, en ese segundo, cuando entendió que le había permitido a su dolor dominarlo, que había sido victima de sus propios actos, los cuáles solo se dedicaron a golpear con fuerza en su interior, lastimándolo a lo largo de esos años en los que estuvo lejos de la presencia de Ciara.
También hubo algo que Roger comprendió esa noche. No dejaría que Ciara pasara un segundo más lejos de él. No perdería esa oportunidad que el destino le estaba regalando de una manera derecha, sin torceduras de por medio, o eso es lo que creía él, el destino siempre da, pero el precio a pagar es carísimo y muchas veces puede llegar a ser devastador.
Sin embargo, el rubio aún seguía extasiado por el cosquilleó que dejó la llamada de la chica, esa tranquilidad que le hacía sentir la voz de Ciara era lo que quería experimentar toda su vida, no la perdería nuevamente y si lo hacía, se aseguraría de que ella entienda de que, por más que pasen los años y la vida dé mil giros distintos, ella era la única persona que habitaría su corazón, la única persona que había logrado hacer un hueco en su alma para pasar a formar parte de él. Le pertenecería toda la vida, sin importar qué.
La mañana siguiente fue todo menos tranquila. Freddie parecía alterado al igual que John, con quién a lo largo de la mañana se encontró discutiendo en más de cinco ocasiones con el baterista, su relación comenzaba a perder fuerzas mientras que un John orgulloso y engreído comenzaba a ganar terreno en la personalidad del menor de los varones. Brian solía decir indirectamente que la actitud del bajista había cambiado luego de que Veronica entrara a su vida, Freddie no daba importancia a esto, pero Roger sí. El menor de la banda había comenzado a forzar una rivalidad absurda y no correspondida con el baterista. ¿Celos? o tal vez era algo tan simple como no aceptar que nada quedara del Roger que conoció tiempo atrás. Todos en la banda parecían avanzar y disfrutar todo lo logrado, menos Roger. John juraría que el baterista que creía conocer estaría acostándose con cada una de las mujeres que iban a ver los conciertos, pero nada de eso ocurría, Roger disfrutaba de la compañía de una mujer muy de vez en cuándo y pocas fueron las veces en las que pudo complacer a su acompañante.
El rubio no atravesó su mejor momento y el bajista no lo supo comprender, y solo se dedicó a juzgar injustamente algo que le dolía a su amigo.
Roger se encontraba apoyado sobre una pared de ladrillos, fuera del estudio de grabación. Sus dedos jugaban con el encendedor plateado que había comprado días atrás y entre sus labios sostenía un cigarrillo a medio consumir. Un poco cansado de la histeria dentro del estudio, se había permitido tomarse un pequeño descanso, aclarar su mente para luego concentrarse en su trabajo.
Un pequeño suspiro salió de sus labios, sus párpados pesaban y su cuerpo le rogaba por una siesta de tan solo unos pequeños minutos, cualquier cosa estaría bien con tal de descansar.
Los ojos azules del chico se posaban en cada persona que pasaba frente a él. Éste era saludado por unas cuantas personas quienes lograban reconocerlo de los conciertos y los empapelados que cubrían la ciudad. Queen era furor dentro del mundo juvenil.
Mujeres pasaban por su lado regalándole miradas descaradas y otras tan solo saludándolo con educación y nerviosismo. Él devolvía el saludo con una sonrisa, pero no pasaba más allá de eso.
ESTÁS LEYENDO
Hold On (Roger Taylor)
FanfictionAmar, luchar, acusar, negar. No puedo imaginar un mundo sin ti. La alegría y el caos. Los demonios de los que estamos hechos. Estaría tan perdido si me dejaras solo. ¿Puedes oírme gritar, por favor no me dejes?
