28 de junio. - 1976
Su pecho se sentía tan frágil y vacío desde que Ciara no dormía sobre él. La lluvia estaba en su interior, pero a su alrededor, el sol brilla en el horizonte, entrando por las rendijas de su antigua ventana.
Sus manos ardían ante la sensación de no tener las caricias dulces de la castaña, de no sentir su calor.
Su ojos azules eran cubiertos por la crudeza de unas gafas negras. En su mano izquierda sostenía una retama amarilla, y en la derecha aquel trozo de papel que representaba su compromiso con su eterno amor.
Unos golpes sobre la puerta de madera blanca, lo alertaron. Se levantó del borde de la cama, pasando el trozo de papel hacia la mano en la que tenía la flor, y dio pasos sin fuerzas para lograr colocarse en frente de la puerta.
Con la yema de los dedos delineó el picaporte, un golpe volvió a oírse y Roger apoyó la frente sobre la fría madera.
- ¿Sí? - Se dejó oír. El dolor quemaba el timbre de su voz y sus ojos se aguaban con tan solo separar los labios. Le dolía vivir en ese momento.
- Roger, hijo. - La voz de su madre inundó con ternura cada rincón del pasillo. - Despedirte te hará sentir mejor. - Winifred había formado una oración antes, pero Roger no la escuchó, solo había logrado descifrar aquellas palabras que le pedían una despedida. No estaba listo.
- ¿Quién está con Meddows en el hospital? - Había juntado todas las fuerzas para completar la pregunta sin llorar.
Un suspiro triste abandonó los labios de la mujer detrás de la puerta. Winifred frotó sus ojos, destrozada por no poder calmar el sufrimiento de su pequeño hijo, de su pequeño bebé.
- Clare. - Respondió. - Rog, mi amor, deja que entre así podemos hablar. - El rubio hizo presión con sus talones y giró, con pasos pesados logró llegar otra vez hacia la cama en la cual había dormido toda su infancia y gran parte de su adolescencia. Se volvió a sentar en el borde de ésta y tiró la retama sobre el frío suelo.
- No. - Susurró sin importarle que su madre no lo escuchara. - Dame unos minutos. - Pidió, ésta vez, un poco más audible para la mujer.
Lo próximo que los oídos de Roger percibieron, fueron los pasos de su madre alejarse.
Lágrimas saladas bañaron las mejillas de Roger, se quitó las gafas y las tiró sobre la cama. El sol que entraba por la ventana, iluminó su bello rostro, resaltando sus mejillas rojas y sus ojeras violetas, al igual que sus párpados hinchados. Sus lágrimas siguieron un recorrido hacia su cuello, humedeciendo de vez en cuando sus labios rosados.
Pasó su mano desocupada sobre su rostro, tratando de borrar el camino de las lágrimas. Ensanchó su pecho con un suspiro, tomó la flor del suelo y se dispuso a caminar hacia la puerta. Ignorando el dolor que sentía con cada uno de sus pasos.
Abrió la puerta de su antigua habitación y se topó con el pasillo desolado, se veía borroso, pero no era capaz de identificar si se debía a sus lágrimas o era la esencia que había dejado la muerte de Ciara.
Cada uno de sus pasos lo transportaban a cada rincón de los momentos que había experimentado con Ciara.
Su corazón bombeó con dolor cuando el sufrimiento le jugó una mala pasada, y le hizo creer que volvía a oír reír a la castaña.
Aún recordaba las palabras que Ciara dijo el día que se conocieron.
"¿Quién eres y qué haces en mi casa?"
Aún recordaba cómo se sintió su corazón al momento de voltear y toparse con ese rostro maravilloso que lo elevó hasta lo más alto del cielo, para luego conocer al amor de su vida. Mismo amor que después le daría responsabilidades imposibles, seguir adelante después de haberla amado, por ejemplo.
Y luego, en medio de la agonía, surgían preguntas que tenían respuestas, pero que él se negaba a aceptarlas.
ESTÁS LEYENDO
Hold On (Roger Taylor)
FanfictionAmar, luchar, acusar, negar. No puedo imaginar un mundo sin ti. La alegría y el caos. Los demonios de los que estamos hechos. Estaría tan perdido si me dejaras solo. ¿Puedes oírme gritar, por favor no me dejes?
