Capítulo 5

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Viernes 21 de abril - 1970

- ¿A dónde vas? - La fuerte voz de Chad, retumbo en lo más profundo de mi cerebro al momento en el que comenzaba a acercarme a la puerta.

Me quedé unos segundos en el pasillo tratando de no hacer ruido, con la esperanza de ganar un poco más de tiempo para poder crear una mentira lo más creíble posible. Pero, para mi mala suerte, Chad no era ningún estúpido, y eso hacía que sea casi imposible mentirle. Mi cuerpo se tensó al momento en que sus pasos comenzaban a acercarse hacia dónde yo estaba. - ¡Cuándo te hago una pregunta, tú respondes al instante! - Gritó, haciendo que me paralizará del miedo al ver como detuvo sus pasos frente a mi cuerpo. - Ciara, Ciara, Ciara. - Decía mientras negaba con la cabeza. - Lo preguntaré una última vez. - De una manera brusca, su mano tomó mi rostro obligándome a ver sus ojos.

- ¿A dónde vas? -

- Ryan llamó, una de las chicas se enfermó y necesita que la cubra. - Hable rápido, ganándome una mirada cargada de duda por parte de él.

- ¿En qué momento de la noche llamó? - Cuestionó, mientras ejercía más presión sobre mi rostro. - Digo, yo no escuché el teléfono. -

- Cuándo te estabas bañando. - Respondí segura, logrando así que éste me soltara, y se hiciera a un lado para que pueda dirigirme hacia la puerta. Sin pensarlo dos veces, tomé la perilla y lo giré, pero cuándo mi pie izquierdo tocó la parte fuera del departamento, la voz de Chad me detuvo nuevamente.

- Que se pongan protección, no quiero un niño, y mucho menos uno que no sea mío. - Rió irónico.

- Tranquilo, yo tampoco quiero un niño, y mucho menos uno que sea tuyo. - Contraataque antes de salir completamente y cerrar de un portazo.

Una vez fuera del edificio, comencé a caminar hasta la parada del autobús. Evidentemente no me dirigía al prostíbulo, no había ido en toda la semana gracias a los tratos especiales que recibía por parte de Ryan, mi jefe. Éste me regaló unos días para que descansará, de igual manera más adelante tendría que reponer todos los días perdidos. Chad no sabía nada, por eso se había tragado el cuento de tener que cubrir a una compañera. En ese lugar las cosas no se manejaban así.

Mi verdadero destino era Dirty Dicks. Había pasado toda la semana batallando sobre el hecho de querer aceptar la invitación de Roger. Trataba de convencerme a mi misma de que mis ganas de ir se debían a que la banda era realmente buena, y que esa vez que los escuché tocar me gustaron. Pero, muy dentro mío sabía que se debía a que Roger iba a estar allí, escondido detrás  de su kit de batería.

                                 [•••]

La punta de sus dedos se perdía entremedio de su largo cabello. Éste había sido víctima del viento, el cuál se había puesto como objetivo mostrarle al mundo la belleza que poseían aquellos mechones castaños estando en libertad.

El viento trajo con él, unas cuantas nubes rojizas que mostraban una clara tormenta a lo lejos, éstas habían comenzado a tomar por completo la hermosa noche estrellada, que hace unos pocos minutos atrás se podía apreciar. Pero, nadie contaba con que la tormenta trajera con ella, la seguridad que Ciara había perdido hace años.

Por unos minutos pareció que el ruido que producía la cuadra en la que se encontraba Dirty Dicks, había desaparecido. La punta filosa de los zapatos negros que la joven había elegido aquella noche, acariciaban la calle que la separaba del bar. Hacía música al caminar.

Sintiéndose segura de sí misma, se introdujo dentro del peculiar bar al que había sido invitada.

Acomodó la fina tira de su vestido, también negro, y disimuladamente comenzó a revolotear la mirada en busca de alguien conocido. O mejor dicho, comenzó a buscar a una persona en particular, un joven flaco, alto, y con el cabello dorado.

Hold On (Roger Taylor) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora