Amar, luchar, acusar, negar.
No puedo imaginar un mundo sin ti.
La alegría y el caos.
Los demonios de los que estamos hechos.
Estaría tan perdido si me dejaras solo.
¿Puedes oírme gritar, por favor no me dejes?
Mi realidad jamás me golpeó tan fuerte como lo hizo esa tarde de abril. El sol brillaba radiante, trayendo con él un clima cálido, y buen humor en las personas. Algunos se asomaban a sus ventanas, otros estaban sentados al aire libre en las pequeñas mesas de alguna cafetería, y unos cuantos caminaban acompañados de alguien mientras reían. A diferencia de mí, todos se veían felices, y de alguna manera parecía que se apoderaban de los colores de la hermosa primavera que Inglaterra nos regalaba.
Nuevamente, me vi atrapada por mis pensamientos negativos, al darme cuenta que yo no pertenecía al paisaje y a los bellos momentos que ocurrían en éste.
Un hilo de tristeza me recorrió todo el cuerpo, cuándo mis ojos se posaron en una pareja, ella escribía sobre lo que parecía ser un cuaderno, y él se permitía contemplarla maravillado, cada vez que ella movía su mano sobre el papel.
Mi mente comenzó a filtrar todos los momentos que había compartido con mi amado cuaderno. Amaba la escritura, y sin embargo, desde que le permití a Chad entrar a mi vida, no volví a escribir. Pero, nunca imaginé que en ese preciso momento el destino comenzaría a jugar a mi favor.
Mi mano viajó hasta mi mochila, y de ella saco una bufanda negra. Lo sé, es ridículo el hecho de que yo esté con bufanda en un día como éste. Sin embargo, el propósito de ésta era cubrir las nuevas marcas rojas que descansaban sobre mi cuello. Unos nuevos recordatorios de que no tenía que enfrentar a Chad. Cuándo volvimos del bar, todo se convirtió en un infierno. Me fue inevitable no insultarme, ya que todo había ocurrido por mi culpa, si tan solo me hubiese ido cuándo tuve la oportunidad, seguramente yo no estaría en éste estado. Pero, lo que más me enojaba de todo lo ocurrido, es que mis instintos de supervivencia básicos jamás salieron a la luz. En un momento de la noche, Chad comenzó a estrellar su puño sobre mi boca, y a su vez repetía que él me sacaría a la fuerza esas ganas de desafiarlo. No reaccioné, sólo me quedé parada en medio de la oscuridad dejando que él haga lo que quiera con mi cuerpo.
Sin embargo, mis pensamientos y mis pasos, se vieron repentinamente bloqueados por un cuerpo alto y delgado. No me había chocado, sólo se había parado enfrente impidiendo que siguiera caminando.
Mis ojos marrones se clavaron en el rostro del rubio que impedía que llegara a trabajar a tiempo. Éste me miró divertido, cuándo quise esquivarlo y volvió a bloquear mi paso.
- ¿Cuál es tu problema, Meddows? - Pregunté con un poco de fastidio en la voz, cuándo noté que no tenía intenciones de dejarme avanzar.
- Ciara, tú eres la que bloquea mi paso. - Se excusó, mientras sus manos tomaron mis hombros, cuándo vió como trataba de esquivar su cuerpo nuevamente. - Lo lamento, veo que estás apurada. - Que se haya disculpado por ese pequeño juego que había tratado de comenzar, solo hizo que mi interior se sintiera aún peor. No quería rechazarlo, pero las circunstancias me llevaban a hacerlo.
- No. Bueno, sí. - Sentía que mi cerebro se tomaba vacaciones cada vez que el rubio me hablaba, no sabía qué era lo que ocurría, pero me molestaba muchísimo no poder tener una conversación decente con él. - Estaba yendo a trabajar. - Al instante me arrepentí de decir aquellas palabras, ya que recordé el desubicado comentario de Chad la noche anterior. Pero, parece que a Roger no le importó, ya que de una forma atenta volvió a indagar:
-¡Oh, claro! trabajas en el bar. - La palma de su mano golpeó suavemente su frente. Agradecí profundamente cuándo lo escuché decir aquéllas palabras, él no había interpretado de la forma correcta lo que dijo Chad. - Mierda, si que abren temprano. -
- Sí, ya sabes, hay que limpiar las mesas y todo eso.- No me quedó otra opción más que mentir. No quería que él supiera la verdad. Luego de decir aquellas palabras, el silencio se apoderó de nosotros. Él me miraba fijamente, y también podía notar como de una forma nerviosa jugaba con el borde de los tiradores que llevaba ese día. Al darme cuenta que él no daba señales de comenzar una conversación, sólo me dispuse a volver a hablar, pero esta vez con intenciones de despedirme. - Así que, creo que nos estamos viendo luego. - Medio sonreí, mientras pasaba por su lado y de una vez por todas comenzaba a dirigirme hacia el prostíbulo.
Estaba por doblar en la esquina, cuándo de repente siento una cálida mano apoderarse de mi brazo, instintivamente me solté del agarre de una manera brusca. Pero, al darme cuenta de que se trataba del rubio con el que había estado hablando hace tan solo unos segundos, me sentí un poco avergonzada por reaccionar de aquella manera.
- Tranquila, tranquila. - Roger habló, mientras alzaba sus manos mostrándome que era inofensivo. -Lo siento, pero no puedo permitir que vayas a trabajar. - Mis cejas se juntaron al instante en el que Roger terminó de decir aquella oración.
- ¿Y ahora qué es lo que ocurre? -
- No puedo dejar que te vayas, no sin antes pedirte una disculpa por el mal momento que pasaste en el bar. - Algo dentro mío se sintió conmovido por el tono que utilizó para dejar que aquellas palabras tan simples salieran de su boca.
- Tú no tienes que disculparte. - Solté, mientras negaba con la cabeza. -Chad fue grosero contigo sin ningún motivo.-
- Te invito a comer algo, lo que tú quieras. - Dijo de una forma tierna. - Podemos comprar algo y sentarnos en algún parque, mientras hablamos de lo mal que te ves estando de la mano con él.- Me sentí un tanto mareada, sus palabras eran demasiado atrevidas. Roger las escupió de una manera descarada, mientras una sonrisa de lado se apoderaba de su rostro. - Sólo es una opinión personal, claro.- El calor comenzó a apoderarse de mi cuerpo. El baterista había adoptado una actitud para nada tierna, sino que ahora se mostraba más descarado y solo conseguía que mi caparazón hecho de hielo comenzara a derretirse ante su presencia. Sin embargo, no podía permitir que lo notará.
- Me encantaría, pero tengo que trabajar. - Repetí, al momento en el que mi cuerpo se giró para de una vez por todas, caminar hasta el trabajo.
- ¡Oh, vamos! no seas cobarde, acepta salir conmigo. -
- Tal vez en otra ocasión. - Giré nuevamente antes de doblar en la esquina, para así poder verlo parado en medio de la acera mientras extendía sus brazos. - De todas formas, puedes hacerlo mejor que eso. - Agregue.
- El próximo viernes tocaremos en Dirty Dicks, ve a vernos y te demostraré que puedo hacerlo mejor. - Medio gritó, cuándo comencé a alejarme.
- Tal vez lo haga. - Dije. Él no me había alcanzado a escuchar, o eso era lo que creí.
Roger era hermoso, y yo no podía demostrar debilidad ante su belleza. Las mujeres se lanzaban sobre él, y no podía permitirme ser una de ellas. Él podía llegar a ser un amigo o algo más, pero sea lo que sea, no se lo dejaría servido en bandeja de oro.
————————— Qué onda la pipol(? Es un poco corto, peeeero es clave para el próximo. Mañana o el viernes ya subo el que próximo. Y nada, eso, ojalá les esté gustando. 💕
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