¡Hola! No hay mucho que decir ya que el título habla por sí solo.
➯One Shots.
➯Imaginas.
➯Preferencias.
┆Todo lo que leas a continuación es ┆
┆producto de mi imaginación. ┆
⌈Aunque por el momento no esté tomando ⌉
pedidos, estos son...
Mis manos se mueven de un lado a otro; mis pies al compás de los demás. Mis compañeras y yo cantamos en aliento al equipo de lacrosse. Era el octavo partido de la temporada y nos tocaba contra Beacon Hills. Íbamos perdiendo.
12 a 10.
Su jugador estrella, McCall, era increíble: ágil, musculoso, veloz y eficaz.
Metió la mayoría de los tantos; y por eso, cuando el corredor llegó a cero y sonó el silbato, el partido se dio por terminado.
Tomo mi bolso que se encontraba detrás de una grada, agarro un papel, lápiz, y anoto mi número.
Mis pasos hacia él son seguros, mi autoestima me da la oportunidad de tocarle la espalda y que se dé vuelta. Sus compañeros de equipo me miran detalladamente y murmuran por lo bajo.
—¡Ey! Soy Ivonne, mis amigas y yo vamos a hacer una fiesta… ¿quieres venir? —Pregunto con una sonrisa coqueta.
Él sonríe de lado y se rasca su nuca—: Por supuesto, ¿puedo llevar amigos?
Cambio el peso de mi cuerpo de una pierna a la otra y asiento, saco el papel—: ¡Genial! Ten mi número, enseguida te mando la dirección…
—¡Scott! —Completa mi frase con una sonrisa— Scott McCall.
—Hasta pronto, McCall —digo y doy unos pasos hacia atrás, sus ojos me recorren de arriba abajo, y con una leve sonrisa, me doy vuelta.
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Stiles Stilinski
Bufo por lo bajo. Aburrida y con calor, ese es mi estado de ánimo.
La gente pasaba a mi alrededor y me ignoraba completamente, aunque varios se entretenían mirándome de reojo y susurrando cosas.
¿Qué era lo que tanto les causaba gracia?
Un fuerte ruido a mi izquierda hace que me sobresalte. Un chico pálido y con muchos lunares se sienta a mi lado, maldice por lo bajo y luego me mira.
Su cara se pone más pálida, si es posible, y traga saliva evitándome ver a los ojos.
—¡No me mires así! —grito frustrada y demasiado alterada por sentir la mirada de los adultos.
—¡No me grites! —grita él, alterado— Odio los payasos.
—¿Y crees que a mi me divierte ser uno? —Pregunto sarcástica—. El maldito traje me hace sudar hasta los lugares que no deberían sudar, todos me están mirando y la maldita esposa me está cortando la circulación.
El chico me mira confundido y es cuestión de tiempo para que una carcajada escape de su boca.
Mi rostro se pone tan rojo que hasta combina con los decorados del disfraz.