58 | Peter Hale

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Dedicado a: FrasesSadSad ¡Espero que sea de tu agrado!

Susurros.

Susurros son los que se escuchan cada vez que me ven tomada de la mano de Peter. Es obvio, la edad, siempre el tema a hablar es la diferencia de edad.

Pero no nos importaba. No debía hacerlo.

—Estas hermosa —dice y besa mi mejilla.
Sonrío, sintiendo un calor apoderarse de mi rostro, Peter era alguien realmente romántico cuando lo requería.

Las bocas de nuestras vecinas casi que llegaban al subsuelo, íbamos a ser el chisme del pueblo.

Cuarentón sale con veinteañera...

—Nos tienen envidia —susurra en mi oído y apoya su mano en mi cintura, meciéndonos al ritmo de la lenta música.

—Es entendible —digo y me alejo quedando cara a cara. La barba de dos días hace presencia y sus rosados labios se vuelven el centro de mi atención, ¿está permitido ser tan bello?

—Por supuesto, tengo una diosa entre mis brazos.

—¿Debo llamarte Hércules? —digo bromeando.

—Solo si quieres ser Megara. —Sus labios rozan los míos y termina por acortar la distancia.

Otra nueva danza empieza a florecer entre nuestros cuerpos, sus manos se deslizan por mi espalda como serpientes y me aprisionan contra su pecho.

Joder, me encanta.

Su perfume varonil, sus hombros anchos, sus... ¿En qué momento había caído ante el egocéntrico de Peter Hale?

Tal vez fue con sus tristes chistes, o con su sarcasmo y su manía por hacer que lo mire.

—Vayamos a casa —dice y nos dirige hacia la mesa que ocupamos. Mientras tomo lo que resta de mi copa de agua, Peter pide la cuenta. Paga y salimos del restaurante.
Sus dedos entrelazados con los míos y su calor guiándome a casa. No podía pedir más.

—¿Peter Hale? ¡Oh por Dios, eres tú!

Una melena rubia se intercepta en nuestro camino hacia el auto, ¿quién era ella? Peter frunce el ceño y está alerta.

—¡Soy yo! ¡Kitty! —dice con alegría.

Él alza sus cejas sorprendido y suelta mi mano para abrazar a la mujer.

—¡Tanto tiempo! ¿Cómo haz estado? —pregunta ignorándome completamente.
Peter sonríe y me mira de reojo, alzó una ceja y espero a que me presente, pero no lo hace.

Bien.

—Hola, soy...

—Ay, ¿es tu hija? Eres tan bella... Como sea, ¿sigues viviendo en Beacon Hills?

Siento como mi sangre empieza a hervir y las ganas de tomar de la mano a Peter e irnos no tardan en llegar. Ya me caía mal, y eso que apenas pasaron dos minutos.

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