El Campamento

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–Y esta es la cafetería. –dijo Poché mientras empujaba las dos puertas para poder entrar a la gran cafetería que había en este campamento. Todo era mayormente gris y azul marino y habían varias mesas largas por todas partes, claro que ordenadas y atornilladas al piso con sus respectivas bancas. Había una barra en un lado al fondo donde las personas pasaban con bandejas a pedir su comida. No estaba acostumbrada a ver tanta gente aglomerada en un lugar, eran por lo menos unas 100 personas entre los que estaban sentados y los que estaban haciendo fila. Este era mi primer día fuera del área del hospital y lo estaba disfrutando, la cafetería era la primera parada porque teníamos que desayunar. Poché estaba feliz esta mañana cuando fue a buscarme, iba vestida casi toda de negro y llevaba una maleta con ropa negra para mí también. Llevaba tres días solita y todo porque tenía que pedir permiso a la presidenta para que yo pudiera salir y al parecer le funcionó. –¿Qué te parece? –Me preguntó mientras esperábamos.

–Pues creo que es muy espaciosa. –Dije intentando evitar las miradas curiosas que me daban las personas. –Y que la gente es muy ordenada. –Agregué como halago y también porque era cierto. A pesar de que se escuchaba a mucha gente hablar y que habían risas, la gente entraba por un lado y salía por otro sin empujar, correr o molestar a nadie, que en cuanto un grupo terminaba de comer se levantaba y otro se sentaba en ese mismo momento.

–Sí, obra de Darla. –Dijo Poché mientras nos acercábamos más a la barra. –Hey, Carlos, ¿No sabes qué darán hoy de comer? –Le preguntó al chico castaño de enfrente, él se giró en ese momento.

–Burritos. –Me miró y le sonreí por cortesía y se giró de nuevo, un poco descortés. Poché volteó a verme y me sonrió.

–Esos son ricos, aunque no sé si se acerque a las cosas comías en tu casa. –Bromeó y yo rodeé los ojos un poco.

¿Esta gente sabrá quién soy?

Después de servirnos, nos sentamos en una mesa con otras personas que por alguna razón se sentaron unos asientos lejos, no quise preguntarle a Poché si era por mi culpa porque no quiero saberlo. De cualquier forma estaba bien si solo estábamos las dos. Ella me contaba de sus experiencias afuera y sobre cómo venció a una pequeña horda de zombies en un centro comercial.

–Por suerte vi los tambos de gas. –Hablaba animadamente y hacía gestos con las manos mientras yo mordía mi burrito. –Le disparé y maté a la mitad ¡Boom! –Saltó un poco en su asiento. –El resto murió con un par de molotovs que tenía en mi mochila y balas. –Le dio una mordida a su burrito y suspiró. –Y así marqué el récord de zombies por aquí. –

–Eso estuvo demasiado peligroso, ¿Siempre haces cosas así? –Pregunté impresionada. Ella solo asintió con orgullo. –¿Los odias? –Pregunté de nuevo, intrigada. Ella se miraba un poco confundida.

–¿Tú no? –Fue su respuesta antes de que llegara alguien por detrás de ella a taparle los ojos. Era la chica pelirroja. Poché sonrió y le agarró las manos para quitarlas de su cara. –¿Qué no se supone que estabas de viaje? –Le preguntó girándose un poco y viendo para arriba. Ella solo se encogió de hombros y la abrazó por detrás colocando su barbilla en la cabeza de Poché.

–Hola Daniela. –Me saludó mientras la abrazaba, lo que me hizo sentir un poco mal porque seguro Poché tiene mejores cosas que hacer que estar conmigo. –¿Cruella te está molestando? –Me reí un poco fuerte y se soltaron.

–Claro que no, de hecho me está salvando. –Poché me guiñó el ojo y me sentí mejor.

Poché y su ¿ex novia? hablaron un poco, ella le informó que los puntos de control del este estaban limpios, ni una señal extraña y Poché le agradeció, luego se despidieron. Yo solo levanté una ceja y le sonría a Poché con una cara burlona. Ella rodó los ojos.

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora