Poéticos en el Bosque

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¿Qué tenía qué hacer?

Mi mente entró en paro en cuanto la alarma comenzó a sonar. Johan y Seamus me hablaban pero yo sentía que todo estaba en cámara lenta. Miraba la maleta sin parpadear y sentía que lágrimas comenzaban a caer desbordadas por mis mejillas, esto nunca me había pasado: yo estaba en shock. Una fuerte cachetada que me sacó del trance, rápidamente me agarré la mejilla y miré a Seamus.

—Tenemos que arriesgarnos. —Dije. —Tengo que poner las vacunas en menos de 10 minutos. —Acababa de percatarme que no estábamos en movimiento. Comencé a golpearme la vena del brazo para que resaltara y Seamus me sostuvo la mano para que frenase. —No hay tiempo. —Seamus me sostuvo una mirada de seriedad pero me soltó el brazo.

—Bien, yo lo haré también. —Dijo él.

—No, no te dejaré. —Contesté.

—Esto no es una maldita pelea de adolescentes. —Johan habló en un tono autoritario.

—Si no funciona, podemos ser poéticos y perder la cordura juntos. —Negoció Seamus poniendo su mano encima de la mía, que estaba sosteniendo la maleta.

—Quedan cinco minutos antes de que fallemos por completo la misión. —Dijo Mac.

Seamus me sostuvo la mirada sin miedo, no había tiempo. Abrí la caja y saqué las vacunas, habían dos hules para poder resaltar las venas, le di una a Johan para que inyectara a Seamus y yo me encargué de mí. El pinchazo, el dolor en el brazo y el miedo me hacían sentir que moriría, me coloqué una bendita cuando terminé y le coloqué una a Seamus. Mis manos temblaban un poco y sentía las miradas de Johan y Mac más que nunca, como si estuvieran esperando a que algo pasara. Los miré. Se voltearon hacia el frente incómodos.

—¿Se sienten bien? —Preguntó Johan, Mac encendió el auto.

Cerré la caja y la puse en el sillón. —Solo quiero tomar aire. —Dije bajándome del maldito auto.

¿Y si muero?

Todo esto acaba de pasar en menos de una hora. Estaba con la espalda recostada en la puerta del baúl pensando y tratando de concentrarme en si mi cuerpo se siente diferente o si de la nada se me antojaba comer carne humana. Los árboles de este bosque eran tan altos y el sol comenzaba a caer así que empezaba a hacer un poco de frío. Recosté la cabeza y cerré los ojos, entonces sentí un tubo metálico contra la cien seguido de un click y una pequeña risa perturbadora. No me moví ni respiré ni mucho menos hablé.

¿En qué mierda pensé al bajarme del auto?

Por el rabillo del ojo pude notar que era una persona calva y sin playera, escuché las puertas el auto abrirse y Johan gritando que me soltara apuntando con su arma, Seamus también apuntaba pero me miraba a mí. Esta persona volvió a reírse dirigiéndome a un lado del auto, frente a ellos. Esta persona se movía de manera extraña y brusca, lo vi más detenidamente y tenía cicatrices. Se rió en voz baja.

—Denme la caja de metal y no los mato a todos. —Dándome un pequeño golpe en la cien.

¿Qué mierda?

—¿Y tú cómo sabes de eso? —Pregunté yo. Parece que hice algo malo porque gritó algo incomprensible. ¿Vino debajo del auto todo este tiempo?

—¡Bajen las armas al piso o la mato! —Gritaba mientras agitaba la pistola que apuntaba a mi cabeza. Seamus levantó ambas manos mientras puso su arma en el piso. Johan lo miró estresado, y como cuando éramos pequeños parecía que quería llorar de frustración, puso el arma en el piso de la misma forma. Increíblemente, yo estaba tranquila por fuera.

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora