El Maldito Campamento

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—¿Qué quiere hacerme? —Le pregunté intentando ajustar mis ojos a la luz de la habitación. 

Sentí su mano posarse en mi hombro, luego me dio dos palmadas. El sonido de las ruedas de una silla llegó hasta mi lado y pude notar a Valentina. Sabía que era ella.

Una versión más pequeña de Poché. Y enferma, atada de la misma forma que yo a su silla.

Además, no tenía una parte del brazo. Estaba adormecida y tenía un tubo conectado a su brazo. Este llegaba a una bolsa vacía que colgaba de un gotero junto a ella, en medio de nosotras y Valentina sudaba. 

El Doctor del campamento apareció en mi vista, él también tenía un tubo en sus manos conectado a un catéter. Me miraba con pena. Los efectos de la droga aún estaban en mí por lo que no pude luchar en cuanto él me conectó el catéter en la vena de mi brazo. Lo único que podía hacer era esperar.

«Poché seguramente eligió no hacer nada.»

—Esto funcionará. —Habló la presidenta. Reconocí el sonido de una cucharita siendo meneada dentro de una taza. Valentina comenzaba a despertarse y murmurar cosas.

Cosas irreconocibles.

—¿Está segura de eso? —Le pregunté yo viendo cómo comenzaba a llenarse de mi sangre el tubo. Valentina respiraba con rapidez y creo que murmuraba cosas.

—Pues claro, si es la cura debe funcionar. —Me contestó.

—¿Por qué fase va? —Le pregunté de nuevo. Escuché un suspiro de su parte. 

—Eso no es de tu incumbencia. —Me contestó el doctor colocándose frente a mí. —Ahora cierra la boca y acepta lo que sucederá. —Yo le sonreí torcidamente y él se movió incómodamente para no estar frente a mí.

—¿Me quieres borrar de mapa para que no te quite el trabajo? —Le pregunté burlonamente. No iba a aceptar todo esto.

«Vamos Poché...»

Entonces escuché un grito a mi lado, Valentina había despertado y gritaba, gruñía y se forcejeaba en la silla. Giré mi cabeza y podía notar que estaba a unos momentos de comenzar la última fase.

—Valentina, cálmate. —Le dijo su madre como si aún fuera una persona razonable. —Pronto regresarás a la normalidad. —Ella se paró frente a Valentina, tenía un traje negro y parecía no haber dormido nada, su cabello estaba ligeramente desordenado. Yo me reí.

—¿De verdad crees que volverá? —Ella me miró con odio. —Yo pensaba que eras una señora astuta e inteligente capaz de pensar con frialdad. —Comenté viendo cómo su postura serena y seria se veía destrozada. No me sentía mal por ella, quería matarme.

—¿A qué te refieres? —Preguntó viendo el gotero, la sangre comenzaba a llenar el tubo de Valentina. Escondió las manos tras su espalda y se giró dando unos pasos lejos de nosotros. El doctor miraba a Valentina con pena.

—Él lo sabe, ¿Por qué no se lo dices? —Le pregunté recostando la cabeza en la silla, cerré los ojos. —Ya no hay vuelta atrás de esta fase, una vez empiece a tratar de comernos. —La presidenta se acercó a mi con precisión y tomó mi quijada con fuerza apretando mi rostro con su mano haciendo que abriera los ojos. —Ella no es ni volverá a ser una persona real. —La confronté con mis palabras. Frunció el ceño y podría jurar que estaba temblando. 

—¡Que te calles! —Me gritó. Mi cabeza se giró con mi mejilla ardiendo por causa de una bofetada. Apreté la mandíbula. Me impresionaba que no hubiese botado su té con el esfuerzo que hizo para darme la cachetada. —¡Tú no sabes nada de esto! —

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora