El Impulso

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Mi madre tenía un portapapeles frente a los pies de Calle, ella estaba recostada en una cama de resonancia magnética frente a mí y ambas iban chequeando en voz alta qué exámenes le habían hecho ya y se ponían a priorizar el resto. Yo estaba frente a ella, también hablaron una y otra vez sobre la lista de síntomas que tuvo. En el fondo de la habitación había una ventana enorme que daba a la siguiente habitación donde monitoreaban en vivo todo lo que Calle hacía, el doctor Richard y un hombre al que desconocía pero sabía que era español. Todos vestían con batas de delgada tela y les habían obligado a pintar el símbolo de las luciérnagas en el bolsillo de enfrente. Richard y Martha estuvieron en contra pero después de un par de discusiones más tuvieron que ceder. 

Me imagino que no es difícil darte cuenta de que estabas en la boca del depredador, incluso me sorprendí cuando se negaron rotundamente. 

Seguían pensando que todo era cuestión de poder y no querían ser vistos o relacionados con las luciérnagas aparte el acuerdo de paz al que habían llegado antes de venir. 

—Pero creo que ningún enfermo se verá tan guapa como te mirabas tú, deberían anotar eso en su investigación. —Dije en forma de broma. Mi madre rodeó los ojos y apretó los dedos de los pies varias veces. —Yo solo te digo lo que vi. —Le contesté a mi madre.

—Bueno, vamos. —Me dijo mi madre, me levanté y pasé apretando el tobillo de Calle dos veces. Ella estaba metida en esa monstruosidad metálica, necesitaban escáneres, ya le habían hecho de todo. 

—Yo te amo más. —Soltó Calle antes de que mi madre cerrara la puerta. Me quedé inmóvil por unos segundos hasta que una sonrisa boba se formó en mis labios, realmente era una frase que disfrutaba escuchar.

Aunque también me gustaba nuestro pequeño lenguaje de apretones. 

—¿Vienes? —Me preguntó Martha en la puerta de monitoreo a un lado de donde estaba parada, sacudí la cabeza sutilmente y me adentré con ellos. 

—Gracias por dejarme estar en las pruebas. —Les volví a decir a las tres personas sentadas frente a las computadoras. Richard levantó la mano y la agitó como diciendo "sí, sí, como sea".

—Ni si quiera lo habíamos platicado, dábamos por sentado que ibas a estar metida en esto tanto como ella. —Me dijo mi madre girándose con todo y su silla giratoria. Me guiñó el ojo y se volvió a girar. 

—Está bien, molan juntas ¿Tenéis hambre? —Preguntó el hombre que no conocía mientras miraba a mi madre. —Esto puede tardar un poco. —Mi madre me miró suplicante. Suspiré y aunque no me quería mover les dije que ya vería que conseguía. 

Claro, también les tenía que hacer favores. No me pedían muchos. De los tres días que llevábamos haciendo esto solo dos veces me han pedido que consiguiera algo de comer. 

Mientras iba caminando por el pasillo hacia las gradas me preguntaba qué tanta energía necesitaban para sus equipos, tenían que dividirlo por días y hoy era el último.

«A menos que queráis cargaros la electricidad del hospital» Escuché la voz de ese muchacho en mi mente, tenía un acento bastante divertido.

Al llegar a la recepción del nivel de abajo me topé con Julián, estaba platicando con la chica que atendía todos los mensajes de Juliana. Era una rubia más o menos de mi edad y parecía tan interesada como él. Me aclaré la garganta y ambos se giraron a verme. 

—Disculpa por interrumpirte, es que quería saber si podría hablar con Juliana. —Le dije. Ella me miró como si estuviera intentando descubrir quién era. Tenía una mirada impenetrable y seria, su cola alta no hacía más que resaltar el hecho de que era una persona importante por aquí. Julián se aclaró la garganta porque notó que la chica me comenzaba a irritar, ella no me decía nada como si quisiese que me presentara, como si supiera que su mirada intimidaba pero joder, no sabe con quién está interactuando. 

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora