La Guardia

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Me preguntaba si su plan siempre había sido el mismo o subieron la guardia porque no nos encontraban. 

Estábamos en el tercer nivel, Johan y Carlos observaban el puesto con un par de binoculares que tenían. 

Temía, estaba en un estado nervioso, ansioso. Julián hablaba conmigo pero yo no le prestaba mucha atención así que solo asentía y sonreía, pero parecía funcionar. Decidí prestar atención.

—Y por eso creo que los elefantes son lo máximo. —Dijo al final. Estaba confundida.

—¿Los elefantes? —Pregunté.

—¿Tú crees que hay uno mejor? —

—Yo pienso que las águilas son mejores. —Habló Carlos desde su puesto en la ventana. —Además su visión es perfecta. —

—A mí me gustan los pingüinos. —Comentó Johan. —Son muy bonitos. —

—Las panteras son muy ágiles y bonitas. —Habló Seamus. Pude sentir que su mirada estaba sobre mí. Me comparaba con las panteras cuando coqueteaba con él. Sentí mi corazón later más rapido y mis mejillas hervir. No entendía por qué hacía esto. Entonces sonó la explosión. 

Todos reaccionamos de la misma manera. Nos erguimos y giramos la cabeza hacia la fuente del sonido aunque solo viésemos una pared oscura. Carlos no dijo nada, pero todos sabíamos que debíamos seguirlo en cuanto salió trotando por la puerta. Bajamos las gradas y una vez estuvimos afuera nos dimos cuenta de lo fácil que estaba funcionando el plan. Agachados detrás de unos basureros escuchamos al grupo correr hacia la dirección de la distracción.

Habían varios autos abandonados en la calle, nos escondíamos detrás de algunos, la hierba había crecido también así que si te agachabas lo suficiente podrías pasar desapercibida por allí. Las enormes luces no nos dejaban ver con claridad cuántas personas habían, pero estábamos a unos veinte metros de la pared que hicieron, custodiada arriba y abajo, se escuchaba la planta de electricidad abajo, a un lado de la calle llena de autos estaba una tienda donde habían más de esos sujetos. Johan estaba conmigo. Me guiaba. 

—Ese sonido atraerá a muchos zombies. —Habló en voz alta uno de esos chicos.

—Somos los suficientes. —Le contestó otro. Nos escabullimos detrás de otro auto. Julián y Seamus se fueron por otro lado para abarcar espacio. 

—Pero las municiones. —Johan hizo que nos metiéramos entre la hierba, la cual podía introducirnos a la tienda.

—Podemos hacer más. —Para este momento debíamos estar rodeando a la mayoría. A este momento ya deberíamos haberles dado de baja a algunos. El tiempo corría. 

—Ojalá se mueran esos malditos. —

—Los matarán, todos van para allá. —Johan nos colocó detrás de unos largos escritorios de recepción. Habían 3 personas aquí adentro. Podíamos escuchar que una caminaba de un extremo a otro, custodiando. Habían barriles de fuego en unas esquinas.

—¿Cómo es que seguían con vida? —

—No sé, pero ojalá los encuentren vivos para darnos un festín. —Dijo otro.

—Malditos. —Susurré. 

—Hijos de puta. —Me susurró Johan.

Los odiaba, odiaba cómo desvaloraban nuestra vida a simple comida. 

—Conté seis voces, no sé si hay más afuera porque era un área más grande, pero aquí adentro hay tres personas y una de ellas es un blanco fácil cuando está en el otro extremo. —Dijo sacando su arma. Se movió sigilosamente a el extremo cerca de la entrada donde el chico que custodiaba se detenía unos segundos para observar hacia afuera. Johan se recostó en el suelo y apuntó. El chico cayó en la hierba, así que no hizo mucho ruido.

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora