La Misión

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–¿De verdad tenemos que usar estos trajes siempre? –Pregunté mientras terminaba de ponerme las botas negras. Poché me miró disculpándose y me sentí mal por eso. –Es que quiero usarlos siempre. –Agregué sarcásticamente a lo que ella reaccionó con una risa corta pero fuerte. Intenté preguntarle a dónde iríamos hoy pero insistió en que solo me gustaría y me aseguró que no iba a ser un río al que me insistiría en saltar. Dejé de hacer preguntas después de eso porque recordé la escena. 

Poché siguió hablando con una mirada diferente en el rostro. Sinceramente no recuerdo de qué hablaba.

Estábamos bajando en el elevador y Poché se miraba distraía observando hacia el marcador del piso en la puerta. Estaba viéndolo pero se notaba que no pensaba en eso. 

Estábamos saliendo del campamento, Poché se despidió amablemente de los que le abrieron la puerta y siguió manejando, todavía pensando.

–¿Tienes algo? –Pregunté.

–¿Algo de qué? –

–No, o sea. –Empecé, a veces olvido lo literal que es. –Si te sucede algo porque estás muy distraída. –Ella parpadeó un par de veces y sonrió.

–Eres observadora. –

–No, Poché. –Dije sinceramente. –Es que siempre estás hablando y no has dicho una palabra desde que salimos del cuarto. –Me reí.

–Algo pasó ayer en la reunión de lo que no puedo hablarte, Calle. –Dijo muy seria. –Pero el que esté así no tiene que ver contigo, no te preocupes. –Me puse el cinturón y sentí que volteaba a verme. –Intentaré que no te afecte a ti, lo siento. –Mi corazón se enterneció un poco, usualmente cuando a Seamus le pasaba algo no podía controlar cómo actuaba con todos.

«¿Por qué los estás comparando, Calle? Ellos son totalmente diferentes.» Me regañó mi consciencia.

Poché cambió su actitud el resto del camino, esta vez puse música en el auto y recordé un baile que hacíamos con mis amigas así que le conté a Poché e hice una impresión del baile estando sentada, entonces ella se rió por mi torpe impresión y empezó a contarme de que cuando era una niña su madre la metió a clases de baile en un intento de hacerla más femenina y que gracias a eso descubrió que tenía un gran talento para bailar, algo que me sorprendió bastante.

–¿Y qué puedes bailar? –Pregunté con una ceja levantada. Llevábamos 20 minutos en el auto pero estábamos en un camino distinto al de ayer, nada era de tierra. Ella me sonrió de lado.

–Nombra bailes. –Dijo con cierta seguridad y altanería. –Te recuerdo que soy latina, por cierto. –

Me acomodé en el sillón de tal forma que mi cuerpo estaba frente al de ella mientras pensaba.

–Salsa. –Asintió. –Merengue. –Asintió. –Hip hop. –Asintió. –Bachata. –Asintió. –Disco. –

–Una vez hicimos una coreografía de esas, no sé si se considera que sí. –Dijo humildemente.

–Sí se considera. –Dije y ella me guiñó el ojo, yo paré rodando los ojos. –Tap. –Negó. –¡Ja! –

–Sigue, esto es divertido. –Dijo mientras pasábamos un trío de personas que caminaban en dirección contraria a un lado en la carretera. Me acomodé el pelo hacia atrás de mis hombros.

–Tango. –Asintió. –¿En serio? –Volvió a asentir pero viéndome con diversión. –Bien, ¿Puedes hacer el twerking? –Pregunté porque no se me ocurría otro. –Asintió. –Reggaetón. –

Poché gimió en broma. –Me encantaba bailar reggaetón. –Dijo recostando un poco la cabeza en el sillón. 

–Vals. –Asintió. Suspiré levantando las manos en modo de rendición. –¿Sabes qué? –Me acomodé para ver el camino. –No te creo porque no lo he visto. –Ella abrió la boca indignada.

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora