Impacto

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Entramos por la puerta y pasamos un par de metros llenos de metal y cosas contra las paredes, no tenían mucho sentido pero decidí no decir nada porque el señor vaquero/marihuano nos estaba dejando pasar, su nombre era Albert. Poché había decidido tomar mi mano y guiarme aunque dudaba que ella conociera bien este lugar.

Pudimos ver que la grama de este lugar había permanecido cortada porque tomaban cuidados de ella. Habían varios buses amarillos repartidos aleatoriamente en este lugar, también habían algunas carpas con mesas y bancas construidas por ellos, se notaba. Era un lugar abastecido, tenían un lugar donde ponían la carne que cazaban, tenían un lugar donde habían armas improvisadas y algunas pistolas, parecía que había un encargado en cada una de ellas y podría garantizar que aquí vivían al menos unas veinte  personas. Habían botes grandes de metal en los cuales había fuego, algunas personas se ubicaban allí y algunas nos miraban con curiosidad, las otras se enfocaban en mantenerse calientes.

Las paredes llegaban al final de la construcción de las gradas para el público. Me entristecía saber que aquí se reunían padres y amigos a ver a sus personas jugar algún deporte, que lo disfrutaban y hasta se tomaban decisiones sobre universidades aquí, una realidad que estaba lejos de nosotras. 

Caminábamos entre los buses, los cuales tenían las ventanas completamente pintadas de negro y púas, metal y chatarra que dificultarían su entrada de no ser por la puerta trasera. 

—Tengo 4 buses disponibles para ustedes, todos pueden esparcirse por pares así que no creo que necesiten nada más. —Nos habló deteniéndose y girándose usando sus manos al hablar, me miraba. —Tenemos comida que nos sobró, carne de conejo y pollo, pueden dirigirse a la carnicería y acercarse a alguna fogata para cocinarse la comida. —Agregó. Todos agradecimos. 

«Oh, creo que extraño la comida del campamento y ni me gustaba.»

Poché apretó mi mano y me miraba con súplica. ¿Qué había hecho?

—Pueden usar este bus de aquí. —Dijo girándose frente a un bus con el número 34 escrito. —Y ese de allá y ese otro de allá. —Agregó señalando con su cigarro uno de número 56 a su lado y otro al lado del que acababa de señalar con el número 36. —Y por último hay uno detrás de este que también está libre. —Agregó. Se giró colocándose el cigarro en la boca, la punta se encendió en un color naranja dándonos a entender que estaba succionando. —No hagan cosas buenas que parezcan malas. —Se abrió paso entre nosotros y pude sentir que pasó rozando mi cintura, Poché me jaló al notarlo ella también. Solamente vimos cómo desaparecía entre los buses y los botes de fuego.

—Es un imbécil. —Me susurró acariciando el dorso de mi mano con su pulgar. 

Como era de esperarse, nos dirigimos a la carnicería. 

—Ojalá no muramos de salmonella. —Habló Julián mientras caminábamos. Yo me reí con miedo. El resto rió de verdad.

Su vestimenta era parecida a los colores militares que me acompañaron bastante tiempo, tenía unos pantalones de chandal verdes, una camisa gris y un sudadero negro amarrado en su cintura, entonces noté que todos teníamos ese tipo de ropa. Poché pensó en todo menos en ella que tenía unos pantalones negros ajustados y de allí toda su ropa era cómoda. Tenía una playera blanca debajo de una camisa de cuadros verdes, la tela de esa camisa parecía muy suave y cómoda y le quedaba un par de tallas más grande. 

Carlos tenía ropa de guardia, se quitó los protectores del frente así que sólo tenía una playera negra de manga larga, de la cintura para abajo parecía un robot.

Cuando nos dieron la carne, nos pasaron unos palos de metal para atravesarlos. Yo había elegido el conejo no por ser sádica, sino porque tenía más proteínas. Me encargué de informarle eso al resto del grupo.

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora