Ventom

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Pesadillas.

He comenzado a tener pesadillas de nuevo, me he visto a mí atada a la silla adentro del área subterránea del campamento y he visto a Valentina arrastrarse hacia mi convertida en uno de ellos con el rostro rasgado por algún animal, su ojo no estaba y en su lugar había mucha sangre. Se arrastraba, pero no podía avanzar más porque tenía una cuerda atada al cuello, alguien la manejaba y ese alguien era la presidenta, la cual tenía una corona de plantas y se reía. 

Yo podía quitarme las cuerdas y corría pasándoles a un lado, pasaba de la puerta y cuando lograba subir las gradas me encontraba sola en el garaje. Se encendía una luz iluminando un auto, notaba que había alguien recostado contra él viéndome. 

Era Seamus, tenía la maleta en la mano. Levantaba su mano libre y me saludaba, pero la luz encima de él le daba un toque siniestro. 

Entonces me daba cuenta que la maleta cambiaba y era una persona a la que estaba agarrando del cabello. 

Y esa persona era Poché.

Me despertaba.


Estábamos en camino, era incómodo. Estábamos apretados pero no lo suficiente como para decir "ya no, hay que bajar a uno".

Estaba la carretera, la enorme carretera. Al borde los grandes árboles que amenazaban con romper el hormigón y dejar pasar sus raíces más adentro. Todavía se miraba la débil marca de las líneas del centro de la carretera, se miraban fantasmales, agrietadas. Habían partes de autos en las orillas dejando un espacio libre en el centro, neumáticos y más autos. Estaba mirando por la ventanilla porque no podía ver hacia adentro, o más bien: no quería.

A mi lado se encontraba Julián el cual no se había dado cuenta que ya estaba despierta o si no ya estuviera hablándome y preguntándome cosas sobre la ciudad, me imaginaba que intentaba animarme porque obviamente algo pasaba conmigo. Obviamente.

Desde que Seamus re apareció, para mí había resucitado, pero también era alguien completamente diferente al que yo conocía. Parecía un monstruo, uno de esas historias que nos contaban para hacerle caso a nuestros padres. Ese que no sonreía a menos que fuera con propósitos malvados, retorcido, como si el mundo hubiera encontrado la forma perfecta jalarme, tirando de mí con sus dedos frívolos hacia el pasado que antes extrañaba y lo hubiera vuelto sombrío. 

Como si quisiera regresarme en el tiempo para recordarme lo que nunca volverá a ser.

Era Seamus, pero no era mí Seamus: el que siempre sonreía, me hacía reír y me hablaba sin parar de lo que pensaba. Era un impostor.

Después de dejarle la radio a Roberto, le pedimos suministros de comida y ofrecimos comprarle munición a cambio de medicinas naturales que Poché le robó a su madre. Solamente era por si alguno tenía fiebre o malestar estomacal, dijo que podía conseguir más en el bosque.

—La naturaleza te da todo lo que necesitas.—Dijo cuando dudamos en cambiarlas.

Teníamos que entrar por el norte de Vanton, Carlos dijo que era la única forma segura de entrar. Habían bastantes carroñeros, teníamos que ser cuidadosos. 

—Oh, que bueno que estás despierta. —Me habló Julián. A su lado estaba Poché, luego Carlos y Seamus. Carina iba al frente con Johan. Era un todoterreno muy espacioso. —No quería perderme el entrar a la ciudad solito. —Dijo señalando un poste que tenía un letrero con el nombre de Ventom escrito con aerosol blanco encima del nombre original de la ciudad. Abruptamente habíamos llegado. Edificios. Habían bastantes edificios. Julián estaba emocionado por ver las construcciones, tanto que me preguntaba qué tanto podía aprender alguien en un campamento. Las calles estaban vacías, habían autos aorillados, neumáticos en el suelo derretidos por alguna razón, pedazos de metal, vidrios quebrados en algunas tiendas o instalaciones, todo se miraba gris y todo parecía saqueado. Era una ciudad apocalíptica. 

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora