Reencuentros

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Estaba sentada en el sillón junto a la madre de Poché, no sé si debo seguir refiriéndome a ella como la presidenta, pero ella intentaba preguntarme sobre los intereses de mi hermana, si le seguían gustando las mismas cosas de cuando era pequeña, cosas que le disgustaban, casi no le prestaba atención observando una taza llena de agua caliente que tenía entre mis manos cuando Poché entró casi derribando la puerta haciendo un estruendoso sonido. Ambas levantamos la mirada hacia ella.

Venía cubierta de nieve y su pecho se inflaba y se desinflaba con rapidez. Veo que está aterrorizada. Me levanto dejando la taza en la mesa y me quedo quieta observándola, sintiéndome culpable.

—Solo quería hacer algo lindo por ustedes. —Comencé a hablar con increíble rapidez. Ella no decía nada, solo se acercaba. —Ya que estuve técnicamente haciendo nada porque pues estuve un poco enferma y tú tan preocupada casi no dormías y Julián y Johan estaban haciendo todo el trabajo. —Rodeaba el sillón, su mirada fija en la mía. —No fue mi intención que te asustaras tanto, yo sé que te dije que no iba a estar allí por diferentes razones pero te vi tan dormida que no quise despertarte... —Su silencio me ponía nerviosa y se movía dolorosamente lento hacia mí, yo movía las manos al hablar. —Y cuando regresé tenías a penas un cuarto de hora de haberte ido. —Estaba a punto de llegar a mí. —¿Podrías decirme aunque sea al-

Me abrazó.

Con fuerza. 

La pregunta se me quedó trabada en la garganta y levanto los brazos para estrecharla también. Entonces se separa y me acaricia con sus manos desde la coronilla de la cabeza hasta las mejillas observando todo mi rostro como si estuviera memorizándolo, o inspeccionando que no haya nada malo. Sigue sin decir nada. 

Entonces me mira a los ojos y puedo sentir la calidez que estos habían adoptado. A pesar de que todo su cuerpo estaba bastante frío.

—Aún estás muy pálida. —Dice ignorando todo lo que le había dicho antes. —Tienes que descansar, ¿Ya comiste algo? —El fantasma de una sonrisa se dibuja en su rostro. No había ni un ápice de reproche en su cuerpo, ni una acción involuntaria de su cuerpo que demostraba enojo o molestia. 

—Tú deberías acercarte al fuego, estás helando. —Le contesto palmeando la nieve de sus hombros. Ella se encoge de hombros apartándose de mí mientras se quita la cazadora y la nieve sigue cayendo de ella.

—Créeme, estoy hirviendo por dentro. —Me río nerviosamente, estaba así por mi culpa. Entonces me doy cuenta que he recibido una enseñanza de parte suya. Yo no sé qué hubiera hecho si estuviera en la misma situación que ella. Seguramente estaría regañándola por no haberme avisado sobre nada. No lo sé. 

No se me ocurre ni una sola persona que hubiera reaccionado de la misma forma. 

«Eres algo extraña Poché»

—Comeré algo y me iré a recostar. —Le aseguro y ella asiente casi cayendo al sillón. La miro como diciendo «¿Quieres que saque comida para ti también?» y ella me responde que sí alzando las cejas con una leve sonrisa. 

En ese momento descubrí que podíamos comunicarnos sin hablar.

Me acerco a la cocina para tomar un vaso de plástico y llenarlo de agua, lo pongo frente a Poché la cual se lo toma de un solo y se recuesta en el sillón, me giro para recoger la jarra llena de carne seca.

Entonces Julián y Johan entran corriendo por la puerta demasiado cansados, Julián se coloca las manos en las rodillas para descansar y Johan cierra la puerta respirando pesadamente mientras los últimos copos de nieve caían dentro de la casa. 

Don't Lie [Caché]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora