Capítulo 4: ¡Feliz cumple, bebé!

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Finalmente llegó el día del cumpleaños de Spencer.

Camila y yo habíamos organizado todo de tal manera que por lo menos toda la escuela asistiera.

—Ya está todo —soltó Camila. Acomodó el bolso en su hombro y caminó junto a mí en dirección al salón de clases.

—¿Y qué le dirás a Spencer?

Ella volteó a mirarme y acomodó un rubio mechón que caía en su rostro.

—Qué iremos a bailar un rato.

—Y lo llevarás a Cori 's, ¿Crees que no descubra tu mentira?

—Tal vez, pero lo importante es que lo pase súper bien.

Asentí y entramos a clases, Ed nos encontró a la hora del almuerzo y nos comentó que Lisa había viajado todo el fin de semana a un retiro espiritual.

—Pero, ¿Tú irás? —preguntó Camila.

—Probablemente. ¿Carol, irás?

—Por supuesto que irá —respondió ella antes de que hablara yo.

—Déjala hablar, mujer.

—Está bien, ¿Verdad que irás, Carol? —Cami me miró directamente y con ojos suplicantes. Asentí y suspiré profundamente, mi única excusa era que tal vez... pasaría tiempo con Alex.

Siguiente clase, Gimnasia.

—Hey, Carol —saludó Spencer desde lejos al verme entrar en el pequeño estadio.

—Hola, ¡Feliz cumpleaños! —me acerqué e hice un ademán de abrazarlo, pero estaba sudoroso y decidí solo saludarlo con la mano.

—¿Saldrás hoy con nosotros?

—Eh... ¿A dónde? —por un momento creí que Spencer sabía lo de la fiesta sorpresa, pero, solo por un momento.

—A bailar. Invitaría a mi hermano, pero él es algo...—dijo mientras miraba tras de mí— ¡El mejor hermanito del mundo!

—¿Qué?

—Hola, preciosa —saludó Alex tras de mí. Oh, por eso el cambio repentino de Spencer.

—Hola —dije seca.

—¿Estás bien? —miró a su hermano y luego a mí, supongo que le hizo alguna seña a Spencer porque repentinamente se excusó con algo y nos dejó solos.

—Sí, ¿Tú estás bien?

—Hmmm, sí. Pero tú no pareces decir la verdad, ¿Sucede algo? —tomó un mechón de mi cabello y lo colocó tras de mi oreja. Me sorprendían esos detalles de él, pero, ni siquiera sabía que éramos exactamente.

—Bueno no, estoy confundida.

—¿Por qué?

—Porque no sé qué somos tú y yo —dije señalándole y luego a mí— ¿Amigos o qué?

—O qué —sonrió él.

—Aclárame eso —lo miré desafiante y su mirada se suavizó.

—Me gustas, y te gusto. ¿Por qué no tener algo?

—¿Me lo estás preguntando?

Me di cuenta de lo que estaba pasando y pasé de estar irritada al asombro.

—Lo haré mejor —se puso derecho y sonrió encantador— Caroline, ¿Serías mi novia?

¡Dios santo!

—Emm, yo...

—No vayas a rechazarme —dijo tapándose el rostro.

—No, no... digo, sí —sonreí tontamente y asentí— sí quiero.

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