El tiempo que pasaba junto a Daniel eran más que increíbles, teníamos momentos de total confianza donde solíamos hablar de cualquier cosa y luego terminar riendo, a veces llegaba a casa para almorzar y mis abuelos que venían a visitarnos, amaban conversar con él. Yo solo intentaba disfrutar, ser feliz y ya.
—¿Qué opinas de tener un día de campo? —habló sonriente mientras tomaba el jugo de naranja que había preparado para él.
—Pues primero debo revisar si no tengo ningún deber que hacer —dije mordiendo mi labio— pasa que aún voy a la escuela, ¿recuerdas?
—Lo recuerdo, no soy tonto, gatito.
Hizo un puchero y luego le dio un largo trago a su bebida. Miré hacía la sala y observé que mamá se alistaba para marcharse, la habían llamado de improviso en el trabajo.
—Pediré permiso antes de que se vaya.
—A la orden.
Salí en su dirección, ella acomodaba papeles y portafolios con diferentes datos de pequeños inscritos en ellos, cada niño se había ganado un pedacito del corazón de mi madre y ella los amaba como parte de nuestra familia. ¡Es que eran realmente unos ángeles!
—Mami.
Se volteó en mi dirección y sonrió.
—¿Qué sucede, nena?
Junté las manos en señal de súplica e hice el puchero más grande de mi vida.
—¿Puedo salir de día de campo con Dani?
Mi madre me observó seria, pero solo por un segundo porque luego soltó una carcajada tan sonora que despertó a papá que se había quedado dormido frente al televisor enfriando su desayuno que yacía frente a él.
—¡Lo siento, amor! —comentó mamá tapándose la boca.
Mi padre nos miró y sonrió divertido.
—¡Vaya susto que me dan! —se tocó el pecho— Caroline no dejes solo a Daniel en la cocina, se va a acabar mis panqueques.
—¡No los estoy comiendo, señor Hope! —se oyó la voz de mi novio desde adentro, algo avergonzado.
—¡No te creo! —volvió a decir mi padre desde el mueble y luego se giró a mirarme— aleja mis panqueques de ese muchacho.
Dicho esto continuó mirando el noticiero y tomando el té que se había enfriado por haberse dormido.
Mamá habló.
—Rusita, ¿por qué tanto drama contigo? —seguía riéndose un poco— es obvio que puedes salir con Daniel, no necesitas hacer una tremenda cara de tristeza.
—Es que yo...
—¡Ve y cuida mis panqueques! Ya tienes permiso.
—Sí, papá, ahí voy... —reí ante la interrupción de papá, le di un abrazo a mi madre y volví a donde estaba Daniel.
—¡Escuadrón panqueque! —grité en cuánto llegué junto a él. Daniel tenía un trozo de masa cocinada en la boca y otro en la mano, lo soltó de golpe en cuanto oyó mi voz.
—¡Me vas a matar del susto!
La voz de papá volvió a oírse desde adentro —¡Ya somos dos!
Reí tan fuerte que mi novio me miraba preocupado, finalmente se unió a mí y terminó comiéndose el resto del panqueque.
Pasada la mañana, luego de haber comprobado que no tenía tareas qué hacer, decidimos ir de día de campo a un lugar cerca a la casa de Daniel, por las afueras de la ciudad. Un hermoso lago muy conocido en Trunstong.
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HOPE
RomanceLa monótona y algo aburrida vida de Caroline Hope da un giro inesperado cuando su amor platónico de la secundaria decide confesarle lo que siente por ella. Sin embargo, hay secretos que se esconden y encuentros peculiares que harán que Caroline se c...
