Capítulo 21: El árbol polícromo

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"Jamás creí que me sentiría segura en el lomo de una enorme bestia felina. Había perdido a Sam, al escuadrón y la tranquilidad que por lo menos prevaleció en mí durante los últimos retos.

Me sentía sola.

La pradera se agrandaba conforme Tomás avanzaba a enormes pasos. Su melena me servía de soporte y probablemente le causaba dolor porque tenía las uñas enterradas en ella.

-¿Te parece si descansamos? -señaló con la cabeza un gran árbol con una copa que asemejaba el techo de una casa.

-De acuerdo -bajé y caminé con cuidado. Tomás se quedó quieto, sus garras desaparecieron y el pelaje que lo cubría se volvió piel. Volteé a verlo, ya caminaba erguido y la sonrisa en su rostro se había agrandado.

-¿Entramos?

Asintió. Se arregló el cabello y me siguió debajo del árbol.

-No sé si sea buena idea quedarnos aquí cuando caiga la noche.

-¿Por qué no?

-Los lobos están hambrientos, y tienen un increíble olfato. Será suicida quedarnos expuestos bajo un árbol.

Coloqué una de mis manos en la cadera. Él se sentó sobre unas hojas como un indio. Extremadamente tranquilo.

-No entiendo.

-¿Qué es lo que no entiendes?

-Si sabías que quedarnos aquí es suicida, ¿por qué te has detenido?

-Me siento cansado.

¿Cansado?, yo me siento morir. No tengo a nadie por quien mantenerme viva. Sam y yo perdimos a papá hace un año cuando fue enviado a un viaje de exploración en un país desconocido y volvió en un cajón de madera, con diez balas incrustadas en su pecho. Sobre mamá, no sabíamos de ella desde que nos abandonó cuando cumplí tres años y objetó que era muy joven para desgastarse criando a dos pequeños niños.

Siempre la odié, creía que nunca iba a perdonarla y menos ahora que he perdido a todas las personas que amaba y ella sigue inexistente.

-Está bien.

Tomás se puso de pie y caminó hacia mí. Tenía una severa manía de acomodarse el cabello cada cinco minutos, y quiera o no, me parecía atractivo.

-¿Por qué lloras?

-No estoy llorando -toqué mi mejilla y efectivamente una traviesa lágrima había descendido sobre ella- es... complicado.

-Pues vuelve simple lo complicado.

-Eso no es posible -gruñí.

Se sentó junto a mí, acomodó sus enormes manos sobre su regazo y me observó impaciente.

-No eres la única que se siente sola.

-¿Y tú por qué crees que...?

-Conocí a Sam -me interrumpió- fue mi aliado en los primeros retos.

-¿De verdad?

La sonrisa en su rostro se ensanchó, parecía que los recuerdos inundaban su mente de manera fugaz.

-Era un buen amigo. Me habló de ti, unos días antes de que aceptaras venir al campamento. Te reconocí en cuanto te vi -agachó la mirada- hay algo de Sam que emanas tú también.

-Siempre creí que éramos muy distintos.

-Lo son, pero ambos tienen una peculiaridad que... me hace confiar abiertamente.

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