Capítulo 37: Explosión

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—¡Rusita, estás preciosa!

La abuela alzaba las manos en señal de aprobación conforme bajaba los escalones, seguida de Camila.

—Lo heredó de mí -el abuelo se había vestido para la ocasión, llevaba una corbata pequeña que hacía juego con su camisa a cuadros azul, se había puesto mucha colonia, según él, para no pasar como viejo en medio de tantos mocosos.

—Sí Alejo, lo heredó de ti -rió la abuela- pero solo la estatura.

Reí a carcajadas, el rostro desencajado del abuelo era una obra de arte, Camila me imitó y no pudo contener la risa. El abuelo pidió tiempo fuera y besó la cabeza de su esposa en señal de derrota. Punto para Lilly Hope.

—Danielito te está esperando en la cocina, rusita.

Asentí, caminé lo más calmada posible para no verme ansiosa por encontrarme con él, Camila me dio un codazo pícara y se fue hacia un rincón de la sala para encontrarse con Lisa quien me alzó la mano desde lejos y mandó un beso al aire.

Entré a la cocina y allí estaba él, con una camisa en tono palo rosa y un pantalón de mezclilla, se veía sumamente atractivo. Me acerqué sigilosamente y lo sorprendí con un beso en el hombro.

Él volteó a mirarme.

—Oh, wao.

—¿Qué sucede?

Se había quedado embobado mirándome detenidamente. ¡No te sonrojes!

—Sucede que, sabía que mi novia era hermosa, pero hoy estás... wao.

Reí y me acerqué a abrazarlo. Él se estremeció ante mi tacto y susurró en mi oído.

"Feliz cumpleaños, mi amor."

Caminamos en dirección al patio trasero, donde se había montado la fiesta, algo sencillo pero elegante y divertido. Así lo había descrito Camila y realmente dio en el blanco, era minimalista, decorado en tonos crema y beige, con flores en los centros de mesa y una pista de baile en el centro. El pastel era creación de Ricardo, el chef principal de mi novio. Yo solo quería que todos los invitados se vayan para quedarnos a solas: El pastel y yo, que no hacía más que hacerme agua la boca.

—¿Te gusta? -Camila y Spencer se acercaron a nosotros.

—Por supuesto que sí, Cami. ¡Todo está perfecto!

Ella sonrió satisfecha, Spencer se acercó a mí para desearme feliz cumpleaños, y llevó a su novia a la pista de baile donde uno que otro se movía al ritmo de la canción, todos parte de mi grupo de clase.

Daniel me abrazaba por la cintura y sonreía, parecía tranquilo, en paz. Y eso me reconfortaba tanto; no lo había visto tan seguido estos últimos días pero sabía que era porque tenía que ayudar a su padre en la empresa y arreglar algunos papeles para la UCR. Me comentó que su idea de viajar a otro país había sido totalmente descartada, porque ahora había motivos para quedarse en Riverville. El motivo soy yo, obvio y aunque intenté persudiarlo de lo contrario, no lo he logrado. Es más terco que Camila y Ed juntos.

Sabía que en algún momento llegaría la ocasión de conversar sobre ello, sobre la universidad, sobre la distancia entre nosotros. Ahora no.

Mis abuelos se encontraban en la sala mirando televisión mientras mi madre abría la puerta a todo aquel que tocara, el encargado de la cocina era Ricardo, por insistencia de Daniel que no quiso que mamá se la pasara encerrada preparando comida. Quería que disfrute.

Mi padre llegaría de trabajar en cualquier momento para poder acompañarme a soplar las velas. Todo estaba perfectamente planeado.

—¡Carol! -la voz desesperante de Clarie me sacó de mi momento perfecto, me giré hacia ella y Daniel hizo lo mismo.

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