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-¡Gané!

Me tiré a la arena frustrada, mirando al rubio sonreír victorioso en mi dirección.

-¡No es justo!- Me quejé.- Tienes una clara ventaja llamada pantalones.-Señalé sus pantalones y luego mi vestido, acción que solo hizo las burlas del chico más grandes.

-No es necesario ser mal perdedor.- Se mofó.- Solo tienes que aceptar que soy mejor en este juego.

Gruñí mientras me levantaba y sacudía la falda del vestido.

-A ver si sigues siendo el mejor con cinco capas de falda y un guardainfantes encima.- Sacudí la falda para que se fijara en las capas.- ¿Sabes lo difícil que es no rozar las piedritas?- Señalé las líneas mal acomodadas.

Luego de traspasar el jardín, había un claro con dos casetas medianamente cercanas frente a un puente y un pequeño lago; detrás de este, se levantaba un muro sobre una colina entre varios árboles. Felix me había explicado que pocos conocían el lugar porque era una zona prohibida y hasta donde el pueblo tenía entendido los alrededores del castillo terminaban con el jardín, también me explicó que de vez en cuando habían guardias de confianza durante el día vigilando, entre ellos Minho que resultaba ser el de mayor confianza para el monarca y a la vez la gran ventaja de Felix para poder escapar y divertirse.

Porque eso es lo que Felix deseaba: divertirse. Y lo había podido notar desde el momento en que le sugerí un juego improvisado de rayuela mientras esperábamos a Minho.

Victoria tras victoria Felix había perdido la vergüenza y me hablaba con total confianza, cosa que no me molestaba aún con las bromas y burlas.

-¿Jugamos de nuevo?- Preguntó.

-Estoy cansada.- Puchereé.

-¿Ya? ¡No aguantas nada!- Rió y se sentó en la arena, palmeando a su lado. Entendí y al segundo estaba sentada junto a él, con la vista pegada en el muro.- ¿Jugamos otro juego mañana?- Dejé escapar una risita, parecía un niño pequeño.

-¿Cuántos años tienes, hmm?- Bromeé, permitiéndome revolver sus cabellos amistosamente.

-Lo siento, hace mucho no tenía buena compañía.- Se disculpó con una sonrisa y me lamenté.

-¿No tienes a Minho?

-Es diferente.- Suspiró.- Cuando está aquí trabajando actúa como guardia, no como mi amigo y cuando está cerca de papá...suele ser muy serio Dios- Chilló.- Aborrezco esa faceta de guardia real admirable y correcto.- Lo ví formar un mohín mientras hacía un pequeño berrinche.- No es divertido.

Reí.

-Eres todo un chiquillo.- Empujé amistosamente su hombro y lo escuché gruñir.

-¡No soy un chiquillo! ¡Soy un hombre!- Se levantó y plantó frente a mí, con ambos brazos a su costado en forma de jarra y la barbilla levantada.- Voy a cumplir mis dieciocho años pronto, ya estoy grande.

Rompí en risas.

Al igual que él me levanté y me puse al frente suyo con la barbilla en alto para mirarlo con ternura y gracia.

Seguía viéndose como un niño pequeño aún con el ceño fruncido.

-Sigo siendo mayor que tú, así que para mí eres un chiquillo.- Le saqué la lengua buscando molestarlo.

-Eres tonta.

Jadeé en sorpresa, ofendida por el repentino ataque.

-¿No era una diosa para ti hace unas horas?

-El humano comete errores, uno de los míos fue haber dicho eso.- Se inclinó en una reverencia rápida de noventa grados.- Perdón.

Escuché su risita y me ofendí más.

sky ;; Lee MinhoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora