13

904 128 51
                                        


Si lo pensaba bien, había muchas desventajas de estar aquí.

No ver a mis amigos, estar lejos de papá o algún familiar, no poder llamar al domicilio de la pizzería, ni tener la misma comodidad...

pero como hay que tener positivismo, la mayor ventaja era poder ver el cielo estrellado sin contaminación por dióxido de carbono. Me estaban matando los mosquitos y no tenía un raid para espantarlos, sí, pero la mayor parte del vestido cubría todo y la vista valía la pena.

Se veía tan nítido que si estuviera borracha confundiría el mismo cielo con una pantalla de TV gigante.

—Felix ya terminó de comer.

Lo escuché sentarse a un lado y no me dió la cara para mirarlo, en su lugar, preferí seguir viendo el cielo, sintiéndome dichosa por tremenda vista que no podría haber visto ni en mil años en mi siglo.

—Está acomodando sus cosas, los escoltaré a ambos hasta la paredilla.— Lo escuché suspirar.— Madeleine, seré claro. Sacar a Felix fuera del castillo es un terrible atrevimiento y si alguien se entera que salieron estarás condenada a morir.

¿Debería sorprenderme? Aquí respiro y ya tengo posibilidades de morir.

—Morir, morir, morir.— Murmuré.— ¿Tienes tantas ganas de que muera o desaparezca acaso?

Ni siquiera escuché una respuesta.

Es ridículo.

A la mierda.— Me levanté y sacudí mi falda, procurando que el bulto de la bolsa no se viera.— Lleva a Felix, yo me voy a casa.

Me importa un carajo todo ya. Si me muero, ojalá reencarne en la mascota gatuna de algún millonario que tenga para mandarme a un spa.

¿A dónde crees que vas?— Minho me detuvo.

—A casa.— Me atreví a mirarlo por primera vez después del incidente en su patio.— Llevo casi una semana aquí, sin saber nada de mi familia o amigos.

—Prometí ayudarte.— Musitó.

—Ya no importa, te libero de tu compromiso.— Me solté de su agarre y le sonreí.— Lleva a Felix, yo me voy a casa.

Me giré y tuve la intención de caminar pero Minho volvió a sujetarme.

—Aún así espera hasta el amanecer. Es tarde y los vándalos que nos atacaron siguen sueltos.— Insistió.— Madeleine eres una dama, no puedes andar por ahí sola a estas horas.

Volteé a verlo y por inercia levanté una ceja.

—La última vez yo los salvé.— Con mi celular, un objeto desconocido, pero eh, no por eso le voy a sacar mérito.— Puedo hacerme cargo de mí.

—¿Y si te disparan con una flecha?— Soltó.— Madeleine se está oscureciendo y si vas directo a donde apareciste serás la presa más fácil para ellos.

Bufé fastidiada.

—¿Por qué me dispararían con una flecha? ¿Estás loco?— Lo ví mover sus labios pero honestamente no entendí— ¿Qué?

Minho suspiró y me tomó del antebrazo acercándome a él.

—Las flechas, el viudo ¿Recuerdas lo que hablamos hace unos días?

¿Qué viudo?

—Han aparecido más muertos. Todos con heridas de flecha.— Susurró cerca de mi oído y me alejé por el asombro.— Todos a los alrededores nunca en el centro. Si vas posiblemente te conviertas en otra víctima.

sky ;; Lee MinhoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora