Estaba dando vueltas como loca por toda mi habitación.
Valentina me pedía que me calme pero estaba muy preocupada para hacerlo.
—Se te ocurrirá algo así que tranquilízate.—repitió ella.
Dos días después de que le di la noticia a Ruggero, había perdido la noción del tiempo, ya que me entretuve mucho con proyectos de la universidad y justo hoy que había revisado el calendario para agendar la entrega de una tarea me di cuenta que era diez de septiembre; cumpleaños de mi novio.
—No tengo nada planificado, lo olvidé por completo.—repito angustiada.
No tenía idea de que le iba a regalar.
Antes de que ella pudiera decir otra palabra, mi teléfono suena haciéndome asustar pero cuando veo el nombre en la pantalla, la calma regresa a mi por un momento.
—Mía, nos vamos a ir al infierno.— suelta, razón por la cual creo que también lo olvidó.
—También lo olvidaste.— llevo la mano a mi frente.
—¿Cómo que también? Tú eres su novia, tienes que recordarlo mejor que yo.
Agustín ya sabía de nosotros y cuando se enteró puso el grito en el cielo.
—Deja de reclamarme y ayuda a pensar algo.
—Voy a llamar a Karina y decirle que no vamos a trabajar.
—¿Qué?
—Escucha, Maxi tiene una casa en la orilla de la playa, allá arreglaremos todo y le voy a decir a Mike que se encargue de llevarlo cuando todo esté listo.— explica detalladamente.
—¿En dónde te veo para ir contigo?—pregunto.
—En treinta minutos te espero en el parque.— cuelga.
Le explico el plan a Valentina y ella llama a su mamá para decirle que pasará en mi casa. Vanessa acepta.
Al igual que Lupe.
—Si tu mamá se llega a enterar que te estoy ayudando en todo esto me pone de patitas en la calle.— advierte — A mi también.— le sigue Sergio.
—No va a suceder. Mamá aún no vendrá y tampoco permitiré eso.— los tomo de la manos.— Ahora me tengo que ir. Llámenme cualquier cosa.
Nos despedimos y caminamos hasta el parque, en donde vemos a Agustín.
Subimos deprisa a su auto.
—Tengo todo solucionado. — nos ve por el retrovisor.
— ¿Alistaste todo tú?.— pregunta una asombrada Valentina.
—No.— nos pasa un papel.— Esta es la lista que me dio Karina, dijo que serviría para la mesa.— se encogió de hombros. — Así que mientras ustedes compran, Maxi y yo arreglaremos la casa.
Conduce durante una hora y media.
Llegamos a la playa y Agustín se estaciona en una tienda.
Él nos dice que lo llamemos en cuanto terminemos de comprar. Asentimos y nos adentramos a la tienda.
Compramos todo lo necesario y antes de llamar a Agustín, le pido a Valentina que me acompañe a comprarle algo a Rugge.
Entramos a una tienda, todo lo que venden ahí es de porcelana.
Valentina se distrae con unos jarrones y yo me adentro más al lugar.
Pese a que recorro todo el lugar, nada me gusta como regalo. Cuando estoy a punto de darme por vencida mis ojos captan una pequeña escultura y cuando digo pequeña es del porte de mi mano.
