Sabine está enamorada de Marlon Kingwell hace años, pero él jamás se ha fijado en ella. Todo cambiará cuando Jayden, el hermano de su crush, llegue a la escuela.
Él la ayudará a conquistarlo sin saber que más tarde podría arrepentirse completamente...
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—¿Estás segura de que quieres comprarte eso?
—¿Se me ve muy mal? —miro a Maika con un mohín de irritación. Nos habíamos pasado al centro comercial después de las clases para comprarme algo para esta noche, pero se me estaba haciendo muy difícil encontrar algún vestido que me gustara.
—¡Se te ve precioso! —chilla—. Pero lo digo porque sé que no te sentirás cómoda con eso en la fiesta. No es el tipo de ropa que sueles usar.
—No puedo ir con la misma ropa de siempre. Desde ahora tengo que usar ropa que no sean tan parecida a la que se pone una abuela.
—¿Qué pasó contigo? —India pregunta. Frunzo el ceño confundida—. ¿Acaso Jayden te dijo que cambiaras tu estilo para gustarle a su hermano? Porque si es así, le voy a cortar las pelotas y lo obligaré a que se las trague para que muera por no poder respi...
—Jayden fue el que me dijo que no debía hacerlo —la interrumpo—. Pero decidí hacerlo de todas formas —me miro nuevamente en el espejo y suspiro. Llevaba puesto un vestido corto color cobre con mangas largas y un poco de escote—. Bueno, creo que de todos este es el vestido que me queda menos feo ¿Qué piensan ustedes?
—A nosotras nos encanta —India da saltitos mientras aplaude—. ¿También llevarás eso? —apunta algunas prendas que Maika tenía entre sus brazos. No eran demasiadas, puesto que no quería gastar mucho dinero en ropa, pero era lo suficiente como para poder dejar de usar todos los días los mismos suéteres de lana.
—SÍ, eso también.
Cierro la cortina del probador para quitarme el vestido y ponerme mi ropa. Me peino un poco el cabello antes de salir para dirigirme hacia la caja. Pago todo y salgo de la tienda con cuatro bolsas en las manos.
—Samuel me preguntó si podía invitar a algunos de sus amigos a la fiesta —Maika dice mientras camina a mi lado—. Y yo obviamente le dije que sí. No podía desaprovechar esa oportunidad.
—¿Oportunidad de qué? —pregunto confundida.
—La oportunidad de que chicos universitarios estén en mi cumpleaños —responde con obviedad. Asiento lentamente—. Los he visto en fotos y son guapísimos. De hecho, hay uno en especial que... ay mamá —se muerde el labio inferior. India y yo la miramos con la ceja enarcada—. Está como para comérselo con papas fritas.
—Ten cuidado, no creo que a tu hermano le guste que coquetees con sus amigos. Aún eres menor de edad —le recuerdo y hace un puchero.
—Lo sé, pero la mayoría de ellos tienen veinte. Serían sólo tres años de diferencia...
—Maika, para Samuel sigues siendo una bebé. ¿Sabes lo que pasaría si uno de sus amigos se fija en su hermana pequeña? Él sí que sería capaz de cortarle los testículos a cualquiera que haga eso.
—Ay, no me gusta la palabra "testículos" —India frunce su nariz—. Prefiero pelotas. Suena más sexy —abro los ojos como platos al ver la cara de espanto de una abuelita que pasaba por nuestro lado—. Que exagerada, ¿por qué me miró así? Mi abuela se hubiese reído de lo que dije —se encogió de hombros.