Capítulo 24: Jayden

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Me subo a mi coche mientras veo que adelante está Sabine a punto de subirse al auto de Marlon

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Me subo a mi coche mientras veo que adelante está Sabine a punto de subirse al auto de Marlon.

Me había ofrecido a llevarla, pero justo en ese momento llegó mi hermano. Sab claramente prefirió irse con él cuando este le ofreció llevarla. Y yo no podía hacer absolutamente nada al respecto.

Creo que ya es momento de alejarme un poco de ella. Yo siempre soy el que la lleva a todas partes, pero al parecer ya es momento de dar un paso al lado.

Ahora que por fin estoy solo, aprieto el volante con fuerza y arranco con agresividad al pensar en lo que había pasado ayer entre Marlon y Sabine. Estuve todo el día intentando ocultar mi decepción, porque, aunque intente olvidarme de lo confundido que estoy con ella, no puedo evitar pensar en que está cada vez más cerca de cumplir su objetivo. Y no sé si estoy preparado para eso.

Enciendo la radio intentando encontrar alguna canción que me logre tranquilizar, pero gruño al escuchar sólo canciones tristes y lentas, lo que claramente no necesitaba en estos momentos. Pero no me malinterpreten, no estoy sufriendo penas de amor ni algo parecido, sólo me encuentro un tanto desganado.

Porque claro, no puedo tener penas de "amor" sólo porque alguien me hace sentir un poco confundido.

Sigo cambiando de radio hasta que llego a una canción llamada Future People de Alabama Shakes. De inmediato recuerdo que Sabine me había mencionado ese grupo hace unos días, así que me concentro para ponerle atención a la canción, queriendo conocer así el tipo de música que le gusta a la bicharraca. Y aunque no es el hip hop de los 90 y 2000 que yo suelo escuchar, muevo levemente la cabeza de arriba abajo mientras conduzco hacía mi casa, logrando sentirme un poco más relajado.

Al llegar a casa, entro dejando mi mochila sobre uno de los sofás y voy directo hacia la cocina, donde encuentro a Noelia haciendo las galletas de mi sabor favorito; mantequilla de maní con chispas de chocolate.

—Hola —me siento en uno de los taburetes que estaban al otro lado de la mesa donde ella estaba. Me mira con las cejas alzadas mientras sigue haciendo bolitas con la masa—. ¿Puedo comer un poco?

—La masa cruda hace mal, Jayden. Te lo vengo diciendo desde que tienes cuatro años.

—Aun así siempre terminas dándome un pedacito —respondo con una sonrisa. Bufa y después de unos segundos, me da un poco de masa—. Gracias, eres la mejor.

—¿Cómo te fue en la escuela?

—Bien, supongo.

—Te noto un poco desganado —le pone aceite en aerosol a una bandeja antes de poner las galletas sobre ella—. ¿Hay algo de lo que quieras hablar?

—Es lunes, así que es normal que esté desganado.

—Ajá.

Frunzo mi ceño.

Atrapada en el Encanto KingwellDonde viven las historias. Descúbrelo ahora