Capítulo 49.

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Capítulo 49.

En toda la noche no logro dormir. Me la paso desvelada, mirando el techo de la recámara de Holder.

Desde que volvimos, somos como dos extraños conviviendo juntos. Apenas si cruzamos palabra al estar dentro de estas cuatro paredes. Y a la hora de irnos a la cama, había una muralla entre nosotros. En ningún momento nuestros cuerpos entraron en contacto...

Simplemente nos acostamos a espaldas del otro. De vez en cuando compruebo que siga dormido y me levanto, procurando no hacer ruido. Me dirijo al balcón, corriendo las cortinas y las ventanas, observando las calles en silencio.

Miro el tejado a un lado del balconcillo, salto por encima de las barandas y me siento sobre la fría superficie con el aire nocturno golpeando mis piernas desnudas.

Mis pensamientos no dejan de revivir lo ocurrido de hace unas horas. Las siniestras imágenes se reproducen dentro de mi cabeza, provocando un nudo de nervios en el estómago. Nuevamente, eso nos deja en el punto inicial otra vez.

Llego a sentirme desorientada.

Cierro los ojos y apoyo la frente en los nudillos de mis manos entrelazadas, soltando un suspiro silencioso. Intento colocar mis pensamientos en blanco y olvidarme de la sensación de vacío en mi pecho. Esa pesadez, al saber que has perdido la ubicación.

De un momento a otro, no estoy sola. Pero no quiero abrir los ojos y encontrarme con lo que ya sé.

-¿Podemos hablarlo ahora? - su voz taladra mi cabeza. Apenas si es un susurro, casi con miedo al pronunciar alguna palabra. Receloso.

-Lo que dirás, ¿puede ser una justificación a lo que has hecho? - empujo las palabras a salir, cansada de hacer las mismas preguntas cada vez que le da la gana en convertir a alguien en su saco de boxeo.

El silencio que le sigue, es mi respuesta.

-Me lo imaginaba - abro los ojos pero no dirijo la mirada a él.

Respira. Hondo.

-¿Sabes que esa acción tan violenta puede ser penada por cárcel si recibes una denuncia? - las palabras son amargas al derramarse fuera de mi boca.

Eric. Denuncia. Holder, cárcel. Mis pensamientos se repiten en una misma secuencia, volviéndome la cabeza papilla.

-Más le vale que no siga esos puñeteros consejos para que presente una denuncia en mi contra, si desea seguir respirando.

No sé si fue el tono mordaz con que lo dijo o si es tan imbécil que no se da cuenta de la gravedad del problema, que me hace apartarme y mirarlo con perplejidad.

-¿Esa fue una amenaza? - escupo hecha una furia - ¡¿Es una puta amenaza?! - repito la misma pregunta, importándome un reverendo pepino que captemos público.

Holder no hace más que mirarme con recelo y desorientación, sin inmutar palabra alguna.

Pero yo estoy más ardida que cenícero.

-¡¿Estás de broma?! - me levanto del tejado, marchándome a toda mecha hacia adentro antes de formar un espectáculo. Lo tengo pegado atrás de mi al segundo. Volteo a verlo con el ceño fruncido.

Casi me doy de bruces con su pecho. Se aparta un poco, guardando silencio, pero su mirada está atenta.

-¿Tienes ganada una posible denuncia y te atreves a hacer una amenaza estando lleno de mierda?

-¡¿Y qué esperas que haga?! ¡¿Dejarme tocar las pelotas?! - su paciencia a llegado a cero.

Nos miramos llenos de reproches.

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