Nathan conoce a Henry, parte 1

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Este es un extra. No un prólogo ni una continuación; sin embargo, es canon dentro de la historia. Se sitúa tan sólo un par de meses después del final. Espero que lo disfruten. :)

Henry y yo acordamos tener una cita hoy

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Henry y yo acordamos tener una cita hoy. Luego de cenar, quisimos hacer algo divertido, y terminó convenciéndome de venir a una pista de patinaje. No es mi primera vez en una de estas; en mi ciudad natal, cuando Cindy y yo éramos novios, solíamos ir en pareja, con un par de amigos más. Sin embargo, así como andar en bicicleta, perdí la práctica.

—Cuidado —Henry me sostiene del brazo, estando a punto de resbalar. Él parece no taner ningún problema.

—¿Cómo es que lo haces tan bien?

—Ya sabe, Canadá, hielo, hockey. Patinaba desde que era niño —dice, sonriente—. Incluso iba a competencias. Lo dejé por una lesión.

—Cada día aprendo cosas nuevas sobre ti. —Comienzo a seguirle el hilo, y al fin nos sincronizamos, rodeados de adolescente y adultos más jóvenes, que nos ven extraño. De seguro piensan que somos padre e hijo, como todo mundo.

Suena Stayin' Alive, y Henry suelta mi mano para hacer movimientos de baile y un par de giros al ritmo de la canción. Me deja boquiabierto. Varias personas lo observan y aplauden. Aparto los ojos de él cuando siento vibraciones en el bolsillo. Es Nathan, llamándome.

Pierdo la concentración y el equilibrio, resbalando.

—¡Cuidado, abuelo! —me grita un chico que pasa a mi lado.

—¡Mayor! —Henry se acerca de inmediato a auxiliarme—. ¿Se encuentra bien? ¿Le duele algo? —me ayuda a levantarme.

—Estoy bien... Nathan llamó; por eso me distraje...

—Hay mucho ruido aquí. Mejor vayamos por un helado. Puede regresarle allí la llamada.

—Bien —sonrío.

Una vez en la heladería, le regreso la llamada a mi hijo, mientras Henry atiende asuntos del trabajo en su celular, a la par que come un helado de vainilla.

—Hola, pa. Pensé que era yo el que no respondía —contesta Nathan.

—Lo siento. Estaba algo ocupado...

—Descuida. Sólo es para decirte que vayas a casa y recibas el paquete que te acaba de llegar.

—¿Paquete? ¿Me enviaste algo?

—Ajá. Es muy, muy, muy importante que vayas a verlo ahora.

—¿Qué es?

—Averígualo. Apresúrate. —Sin más que decir, cuelga.

—¿Qué dijo? —pregunta Henry, mirándome. Su helado ya no está. El mío se derrite y termino dándoselo.

—Quiere que vaya a casa a recibir un paquete.

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