—¡Papá, aguarda! —Nathan se detiene a respirar.
—Apenas es la segunda vuelta.
—¡Este parque es más grande que Colorado! ¡No jodas! Encima de que me haces madrugar... Esperaba que hiciéramos cosas de padre e hijo, como pescar o... lo que sea que hagan los papás con sus hijos. Aunque sea darme un recorrido por la ciudad.
—Te vi anoche en toalla. Estás muy flácido.
—Me dedico al diseño. Mi trabajo es verme y sentirme del asco. Además, tengo la misma complexión que tu novio.
—Cierra la boca.
—¿Te verás con él hoy? —tomamos asiento en una banca.
—A veces desayunamos juntos, pero supongo que hoy no será el caso. Esperaré hasta el almuerzo, si es que no está ocupado.
—¡Vayamos a desayunar con él!
—Está con su familia ahora.
—¿Y eso qué? Salgamos todos a un restaurante. Yo invito.
—¿De qué hablas? No. ¿No tienes trabajo?
—Me reuniré hasta la tarde con los clientes. Vamos, pa. Prometo comportarme. Quiero caerle bien y conocer a sus hijos.
—¿Por qué? ¿No se supones que deberías odiarlo o sentirte incómodo? Así sucede en las películas.
—Pa, no tengo idea. Me llevo bien con Ulises. No me importa eso de que interfieren en lo que hay entre tú y mamá, porque para mí lo que hay entre ustedes ya no existe. Son mi padre y madre. Punto final. Cada quien por su lado. Como mis tíos. Cada tío tiene su propia vida y me da igual con quién se acuesten.
—Me deprime mucho que pienses de ese modo... De todas maneras, no puedo evitar sentirme incómodo cuando están juntos.
—Tal vez el que necesita esto eres tú —palmea mi espalda—, para que dejes de sentirte así. No creo que haya nada de qué vergonzarse o incomodarse.
Suspiro.
—Bien. Llamaré a Henry.
—¡No! ¡Que sea sorpresa! ¡Vamos a cambiarnos y después pasamos por él!
No sé cómo, pero termino accediendo. Luego de ir a asearnos, conduzco rumbo a casa de Herny, nervioso. La personalidad de mi hijo me descoloca. El parecido entre los dos es sólo físico. Si hubiera sido uno de mis cadetes o cualquier otro hombre que no fuese mi hijo, ya estaría muerto.
Me estaciono frente al hogar de Henry, y Nathan y yo bajamos, mientras él admira toda la fachada. Titubeo antes de tocar el timbre, y quien nos abre es Maggie.
—¡Señor Duncan, hola! —me saluda con un abrazo que le correspondo—. Pensé que no vendría.
—Hola, nena. Tampoco pensaba venir, pero... quisimos invitarlos a comer. No han desayunado todavía, ¿cierto?
—Papá ni siquiera se ha levantado —ríe, y desvía la mirada a Nathan—. ¿Quién es él?
—Es Nathan. ¿Recuerdas que te hablé de él? Nathan, ella es Maggie.
—¿Es su hijo? —permanece boquiabierta.
—Qué onda —saluda Nathan, sonriente.
—H-Hola. ¡Pasen!
—Qué bonita casa —dice Nathan—. ¡Pa, mira eso! ¡Pinturas de Monet! Copias, me imagino.
—Papá las compró en una venta de garage...
—¿Quién decoró esta casa? Me gusta mucho la composición. Adoro el estilo granja. Algo mezclado con rústico, pero las lámparas...
—Ya entendimos que eres diseñador —corto—. ¿Dónde están tus hermanos, pequeña?
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Mayor
Любовные романыHarold Duncan decide jubilarse del Ejército luego de treinta años de servicio. Decide aprovechar el tiempo que le resta para reconciliarse consigo mismo, y adaptarse de nueva cuenta a la vida de civil; aun teniendo un hijo que lo rechaza y una exesp...
