Nathan conoce a Henry, parte 3

1.7K 228 46
                                        

—Mira esos ojos. ¡Incluso la voz! Eres idéntico a tu papá —Gloria aprieta los cachetes de Nathan—. Me alegra al fin conocerte.

—¿Por qué me hace sentir como si nos conociéramos de toda la vida? —mi hijo ríe.

—Porque somos familia, bobo. Llámame tía Gloria.

—Lo haré.

—Iré por el cuadro —dice, y abandona la sala. Nathan admira todas las pinturas que adornan las paredes.

—¿En verdad los pintó todos? —pregunta.

—Es una mujer talentosa.

—Al principio pensé que eras un narcisista por tener un cuadro tuyo colgado en tu sala, pero ahora lo quiero para la mía, maldita sea. Mi tía es asombrosa.

Río.

—Ya te dará algo para colgar en tu pared —palmeo su espalda.

Volteamos al escuchar los tacones de Gloria, y regresa con un cuadro de, al menos, un metro de largo.

—¿Listos? —dice, y después lo voltea. Un retrato de mi nieta, sentada en medio de una habitación rosa, rodeada de flores y juguetes antiguos. Lo que más destaca es su enorme mirada, del color de nuestros ojos. Es una imagen estremecedora. Nathan es quien se quiebra primero.

—No puede ser, tía... —se lleva una mano a la boca—. Papá, mira eso —sostiene la pintura para admirarla mejor—. Es el mejor regalo que he recibido... Hasta me avergüenza aceptarlo.

—Es un regalo de bodas atrasado —dice ella.

—Linda, en verdad te luciste. Nathan regresará a Colorado con las manos vacías.

—Ni se te ocurra —él se echa para atrás y aparta el cuadro de mí.

Gloria y yo reímos. Nos quedamos un rato más, charlando y bebiendo café. Por fortuna, los dos conectan de maravilla. Ahora se conocen bien, y es tal como dijo ella: ahora son familia. Esta visita me pone muy contento.

Nos despedimos cuando está a punto de anochecer. Le prometemos volver a vernos los tres, antes de que Nathan se vaya, y él y yo volvemos a casa.

Deja el cuadro temporalmente en la sala, y se despide de mí para reunirse con sus empleadores. Me pide que no lo espere despierto. Entonces, sentado en el sofá, y acariciando a Robert, decido llamar a Henry.

—Hola, Mayor. ¿Cómo les fue?

—Muy bien. Gloria acaba de adoptar a Nathan como su sobrino. Es increíble la química que tienen.

—Entre artistas se entienden bien, supongo.

—Él salió. No sé hasta cuándo volverá. No creo que sea pronto. Pensé que podríamos vernos ahora. No estás ocupado, ¿cierto?

—No. También quiero verlo.

—Bien. Estaré allí de inmediato.

—Puedo ir yo a su casa.

—¿Seguro? Pero ¿qué hay de los niños?

—Betty está aquí.

Sonrío.

—Te espero entonces.

Cuelgo, y, luego de media hora, Henry llama a la puerta. Viste una sudadera gris, pantalón de mezclilla y tenis blancos. Lo primero que hacemos es besarnos y darnos un abrazo.

—Es como cuando nuestros papás no están y aprovechamos para hacer fechorías en casa —digo, y él ríe—. ¿Adónde quieres ir? ¿Ya cenaste? ¿Aún tienes ganas de ver esa película en el cine?

MayorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora