Capítulo 19

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Geydi.

—¡Ah!— gemí al sentir el fuerte dolor que tenía en mi pierna izquierda. Estaba descalza, mi cabello estaba tan enredado que dudaba de si podía peinarlo, habían cientos de espinas clavadas en la planta de mis pies, el dolor era casi insoportable. Recosté mi espalda en un árbol y me dejé caer suavemente hasta el tronco, nadie podía verme ahí, necesitaba un descanso de un minuto aunque sea.

Me dolía haber dejado a Sophia en manos de un asesino, me dolía y me hacía doler la cabeza pensar que, a estas alturas, ya estaría muerta. Mi cuerpo se tensó en el momento en que comencé a escuchar disparos a los lejos, ¿Que sucedía?

<<Sophia lo ha matado, seguramente le disparó, tienes que ser eso, si, si.>> repasé mentalmente, intentado calmarme aunque sin éxito, todo podía ser al revés ¿ y si Sophia era la herida?

—¡Oh! ¡Por Dios! ¡Sophia!— llevé mis manos a mi boca para ahogar un grito. —¡Lo siento tanto!— las lágrimas no paraban de bajar por mis mejillas mientras que mi labio inferior temblaba sin parar.

Nada estaba bien, no podía estarlo, no cerca de Adán.

Sophia corría peligro. 

¡Maldición! Exclamé, pateando no sé qué.

Me sentía culpable por haberla dejado, pero tampoco me quedaba otra opción, Adán había sido muy hábil, ya nos había visto invadir su territorio, pero nos dejó llegar hasta donde él quiso, porque así lo quería. Me calló con sus manos en mi boca, y, de inmediato me inmovilizó, lo hizo tan cuidadosamente que Sophia no fue capaz de oír, abrí mis ojos como plato por la sorpresa que me había llevado, pues Sophia y yo le habíamos dejado en el mueble, no lo habíamos visto moverse de allí, ¿o es que acaso tenía un puto clon? No podía ser. Simplemente había sido mucho más rápido, nos había salido atrás, cuando pensamos que le teníamos de frente, ¡Que buena jugada!

Mientras que sus manos seguían callando mis gritos, me arrastró a la oscuridad, patalee en sus manos, pero nada me facilitó zafarme, era muy, muy fuerte, y duro como una jodida roca, así que opté por quedarme quieta, aunque el miedo me había acelerado los latidos del corazón y me lastimaba fuertemente el pecho. Sophia me buscaba, apuntaba a todas las direcciones con el arma que tenía en sus manos, iba a disparar en cuanto sintiese cualquier movimiento cerca, lo supe por la manera en que el arma temblaba en sus manos. Las personas invadidas por un estado histérico y el nerviosismo hacían cosas sin pensar, actuaban por impulso, Sophia iba a disparar.

Adán me arrastró hacia un lado que Sophia no apuntaba, y, entonces apagó la luz, y todo quedó bajo una tenebrosa oscuridad, estaban tan oscuro que nada podía distinguirse ni verse, solo había oscuridad.

—¡Geydi!— susurró Sophia desesperada, la angustia, el miedo y el terror era más que notable en su voz que al mismo tiempo, también se escuchaba lloricoza.

Quise gritar pero no podía, no con las manos que cubrían mi boca.

De pronto pisé una rama y está emitió un sonido al crujir bajo mis pies, entonces contuve la respiración como si eso callara el ruido que había echo, Adán estaba detrás de mi espalda sujetándome muy fuerte cuando una bala impactó mi pierna, entonces me empujó bruscamente y salió corriendo, caí al suelo y se me hizo inevitable soltar un grito.

Sophia me había disparado.

La sangre comenzaba a bajar con rapidez y la bala me había inmovilizado por completo e incluso, no sentía la pierna, así que tuve que arrastrarla para poder escapar del lugar.

—¡Ayuda!—grité en medio de la oscuridad. —¡Por favor que alguien me ayude!— volví a decir entre llantos desesperados, pero nadie podía escucharme, por ahí no había ni un alma, todo era un espacio amplio lleno de arboles y más arboles, así que continúe arrastrándome por el lugar, debía encontrar la forma de ayudar a sophia, aunque no me había memorizado el camino, estaba sumamente concentrada en hallar una salida.

HeridaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora